Me llamo Eduardo Nave, técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño en Fotografía por la Escola dArt I Superior de Disseny de Valencia. He publicado, entre otros libros, «A la hora en el lugar» (2013, Phree), «LIKE» (2017, Ediciones Anómalas), «Normandie» (2021, La Fábrica), «Ochenta y cinco vistas» (2022, Ediciones Remotas & La Fábrica) y «Espacio disponible (2025, Éditions Loco). Mis proyectos personales tratan sobre lugares donde han ocurrido hechos relevantes y la posibilidad de que los espacios guarden recuerdos de lo que allí sucedió.

No sabría decir en qué momento empecé a fotografiar, porque creo que ese gesto es anterior a la cámara. Antes de aprender la técnica o el lenguaje, ya estaba ahí la necesidad de fijar ese hilo de la historia ligado no solo a los hechos, sino a lo humano, a aquello que hace que un lugar sea importante o significativo.

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Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

Creo que fotografiar es recordar algo antes de que comience a desvanecerse. Solo así puedo explicarme a mí mismo el tiempo que he invertido en ir más allá de mi memoria para conectar con lo que persiste cuando el tiempo avanza.

Amity parte de una ficción que todos llevamos dentro. En 1975, la pelicula Tiburón de Steven Spielberg transformó nuestra forma de mirar el mar y convirtió una isla real en un escenario imaginario. Fue la película la que me llevó hasta la isla de Martha’s Vineyard, en el estado de Massachusetts, pero no con la intención de buscar decorados, sino de observar cómo una historia filmada puede permanecer latente en un territorio, como una capa que lo recubre sin borrarlo.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

Me interesaba ese modo en que la ficción se superpone al mundo real, alterando sutilmente nuestra percepción como si el cine nos hubiera marcado. Caminar por esa isla era transitar una geografía dual: la tangible y la evocada. La realidad bicéfala de recorrer un espacio como aquel, bajo una luz distinta, y aun así sentir que una parte de mí seguía dentro de una película cuyo poder de atracción me había llevado a recorrer miles de kilómetros para desembarcar más allá de mis recuerdos.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

No buscaba recrear escenas, sino entender cómo la ficción transforma el paisaje hasta hacerlo formar parte de nuestra memoria.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

La cámara me permite detenerme donde el cine avanza. Volver a una escena, observar lo que queda fuera de plano, lo que sucede cuando ya no hay actores ni guion. A diferencia del montaje cinematográfico, que impone un ritmo, la fotografía propone otra temporalidad: la de quien espera, la de quien vuelve.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

En este proyecto no buscaba repetir la película, sino ampliarla. Explorar sus márgenes. Fotografiar los restos, las vibraciones, la forma en que una historia inventada puede seguir habitando un lugar hasta el punto de cambiarle el nombre.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

Entre la Martha’s Vineyard que existe y la Amity que recordamos hay una grieta. Ese espacio entre lo real y lo imaginado es el que me interesa. Allí, donde el paisaje parece estar atravesado por una imagen que nunca ocurrió, pero que modifica el modo en que lo miramos.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

No se trata de reproducir escenas ni de encontrar huellas exactas, sino de atender a esa forma de percepción que la ficción activa cuando se instala en la memoria. Como si el cine hubiese incorporado una forma de mirar al mundo que ya no podemos separar de nuestra propia mirada.

Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave
Amity. A Jaws story
© Eduardo Nave

En cuanto al cacharreo fotográfico, desde hace más de 20 años los proyectos fotográficos los he venido realizando con cámaras de gran formato; con una Horseman 45HD y de formato medio, con la Mamiya 7II y la Fujifilm GF667. Desde hace 5 años he ido haciendo un cambio lentamente al digital cuando descubrí la Fujiflim GFX100S que es con la que he realizado el proyecto de Amity.