Actualmente hay pocos directores capaces de generar más expectación con cada nueva película que el británico Christopher Nolan. Y es que más allá de los -discutidos- valores artísticos de su obra, el cineasta es famoso por su desmedida afición a los desafíos técnicos, lo que suele generar siempre jugosos titulares.

Tal es el caso de su esperadísima adaptación de La Odisea, el poema épico de Homero, que si todo va según lo previsto llegará a los cines en verano. Recientemente ha trascendido que Nolan ha necesitado más de 600 kilómetros de celuloide para rodar la película, que presume de ser la primera cinta de la historia rodada íntegramente en formato IMAX de 70 mm y 15 perforaciones.

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Y es que hasta ahora muchas de la películas que se publicitaban con el logo de IMAX tan solo usaban ese formato en algunas escenas concretas, o directamente inflaban un negativo de 35 mm estándar hasta los 70 mm. Esto es de hecho lo que ha estado haciendo el propio Nolan hasta ahora, por ejemplo su película de Batman El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), contenía exactamente 28 minutos en formato IMAX.

Y es compresible, puesto que rodar en este formato no es nada fácil. A parte del elevado coste de las bobinas, las cámaras IMAX son tremendamente grandes y sobre todo muy ruidosas. El estruendo que produce el sistema de arrastre de la película provoca que sea totalmente imposible capturar el sonido en directo, incluso algunos actores y actrices han comentado que es muy difícil concentrarse con el ruido que generan.

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Pero recientemente IMAX ha desarrollado nuevas cámara que presumen de ser mucho más silenciosas y más ligeras, lo que ha permitido que Nolan pudiera grabar escenas más íntimas con diálogos directamente grabados en el set. El otro gran hándicap de la película IMAX es el coste, ya que el formato de 70 mm es un auténtico devorador de metraje. Mientras que el 35 mm gasta unos 27 metros de película por minuto, el IMAX 70 mm necesita la friolera de 102 metros para la misma duración.

Si añadimos a la ecuación un amante de los excesos como Nolan, el resultado son esos 610 km (la distancia de Barcelona a Madrid) de película gastados en 91 días de rodaje. Unos 6000 minutos de grabaciones que posiblemente quedarán condensados en unas tres horas de película.

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Si consideramos que el precio actual de la película Kodak es de entre 1,5 y 1,7 dólares por pie, la cuenta nos sale que Nolan ha gastado más de tres millones de dólares solo en negativo, a lo que habría que añadir el revelado y el procesado.

Aunque todo esto pueda parecer un capricho o una excentricidad de un director grandilocuente como Nolan, lo cierto es que detrás de estas decisiones hay una clara estrategia: reivindicar el cine como un fenómeno cultural, un evento por el que merezca la pena levantarse del sofá y abandonar el streaming durante un rato.

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