Ricoh GR IV Monochrome: fotografiando Tokio en blanco y negro

La última incorporación al selecto club de las cámaras monocromáticas es una de las más esperadas. Aunque lo de las cámaras con sensor que sólo hacen fotos en blanco y negro suele ser un asunto polémico, lo que no es discutible es que si hay una en la que esta idea parece tener mucho sentido es la Ricoh GR. Así que, tras años de rumores alrededor de esta idea, la nueva Ricoh GR IV Monochrome llega para hacer realidad el sueño de los amantes de la fotografía de calle en blanco y negro.

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Anunciada recientemente, nos hemos tenido que ir hasta Tokio para poder tener una entre manos. Han sido pocas horas y, además, bastante grises y lluviosas. Pero suficientes para dar un primer paseo con esta compacta APS-C, ver sus resultados y, de paso, comprobar si es verdad eso de que en Japón y en blanco y negro cualquiera puede hacer fotos resultonas.

Las diferencias

Sobre el diseño y el manejo no hay mucho que decir, porque es prácticamente idéntica al modelo estándar. Hay pequeños detalles en el diseño, como la desaparición de cualquier color en los botones de la cámara. No es que la GR IV necesite ser más discreta -recordemos que incluso se puede apagar la luz de encendido- pero estos guiños al monocromatismo tienen cierta gracia.

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El cambio más importante, además del sensor, es la sustitución del filtro ND por un filtro rojo. Es decir, hablamos de un filtro físico que se activa o desactiva y cuyo efecto es el clásico en la fotografía en blanco y negro, especialmente en fotos de naturaleza para, por ejemplo, potenciar el contraste y dramatismo de cielos.

Por lo demás, las novedades vistas en su momento en la GR IV se trasladan a esta versión monocromática. Tanto en un diseño algo más compacto, la recuperación del mando dedicado a la compensación de la exposición o una mejora en la agilidad de encendido, del enfoque -con modos también pensados para reajustar el enfoque a una distancia fija- y el estabilizador de cinco ejes.

La calle en blanco y negro

El debate sobre si hay diferencia entre pasar a blanco y negro una foto tomada en color con un sensor con filtro Bayer es tan viejo como las cámaras monocromáticas. Que, como siempre recordamos, tienen tantos años como la propia fotografía digital. Más allá de los aspectos técnicos, por aquí siempre defendemos que se fotografía diferente, se compone diferente en blanco y negro. Incluso nos da la sensación que las fotos son más lentas, más reflexionadas. 

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Todo muy subjetivo, cierto. Lo que es más evidente es que los sensores monocromáticos tienen ciertas ventajas frente a los de color. Además de la riqueza de la gama de grises, el rendimiento en altas sensibilidades, el tipo de ruido que se genera y tambien el rango dinámico suelen señalarse como los puntos fuertes de este tipo de captores.

Algo que ya hemos visto en otras cámaras que apuestan por este tipo de sensores y que también se aprecia en las imágenes que conseguimos con el sensor APS-C de 26 megapíxeles de esta nueva Ricoh GR IV Monocrome. ¿El mismo que ya vimos en la K-3 Monochrome hace unos años? Eso creíamos, pero en una entrevista posterior con responsables de la compañía -que publicaremos en breve en Photolari- nos aseguraron que no era exactamente el mismo.

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De hecho, otro dato curioso es que la excelente óptica fija que monta esta cámara compacta parece brillar especialmente con este sensor en blanco y negro. Nos daba esa sensación al ver los resultados, pero no los explicaban también los ingenieros que han estados detrás de este desarrollo.

Además del citado filtro rojo, la cámara también ofrece diferentes filtros, estos ya digitales, que se aplican al archivo JPEG. Es decir, como siempre, si trabajamos en RAW y JPEG, mantendremos el RAW natural y los efectos sólo los tendremos en la imagen JPEG. Hay un amplio surtido, pero dos de los que más hemos usado son el de contraste más fuerte y el granulado, que busca ciertos parecidos con una película en blanco y negro de alta sensibilidad.

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Aunque los dos son bastante radicales y es mejor usarlos con cierta moderación, confesamos que la combinación de lluvia y noche nos ha llevado a tirar de ellos y buscar unas imágenes bastante efectistas. Ya decíamos que blanco y negro y Japón es una combinación aparentemente fácil.

En cualquier caso, con un precio de unos 1800 euros, la Ricoh GR IV es, efectivamente, más cara que la versión estándar de esta elegante y discreta compacta. Pero también es ahora mismo la cámara monocromática más barata del escaparate.

No es para todos los públicos, evidentemente. Ninguna cámara monocromática lo es. Pero asumiendo lo reducido y exclusivo de ese nicho de mercado, la GR IV Monochrome es una alternativa relativamente asequible y, sobre todo, que parece un paso natural dentro de esta veterana gama de compactas.

3 COMENTARIOS

  1. Pero en serio 1.800 euros!!??
    Hace ya mucho que adquirí mi XT-3 y no soy ajena a la inflación brutalmente generalizada, pero si el mercado de cámaras pretende pelear de tú a tú con los teléfonos, sálveme la odiosa comparación, pero es así y está en la calle, no pueden vender a estos precios. No pagaría más de 1.000 euros.

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