
Hacía tiempo que Arri buscaba comprador. Era un secreto a gritos en el mundo del cine porque pese a que la veterana marca germana es, de largo, la referencia absoluta en los rodajes, al parecer las cuentas no acababan de salir. En este contexto, el reciente acuerdo de la compañía con Honor para poner su sello en el futuro RobotPhone fue visto por algunos como una pista de que Arri podría acabar siendo parte de alguno de los gigantes tecnológicos chinos, tal y como pasó con Hasselblad.
Una posibilidad que acaba de quedar descartada con el anuncio de la compra de la compañía por parte de Thomas Riedel. Nada que ver, pese al apellido, con las famosas copas austriacas de cristal tan apreciadas en el mundo del vino porque el nuevo propietario de Arri es el director y dueño de Riedel Group, un importante proveedor tecnológico de soluciones de broadcasting con más de 1000 empleados en todo el mundo.

Arri deja así de estar en manos de la misma familia que la fundó en 1917, aunque seguirá siendo una empresa alemana, un detalle que remarca Walter Stahl, responsable de Arri y parte de la familia fundadora.
Riedel, que ha adquirido Arri a título personal y no como parte de sus empresas, ha destacado el «enorme potencial» que representa la marca para Riedel Group, asegurando que juntos pueden «posicionar a ARRI para lograr estabilidad a largo plazo y éxito en el futuro”. Según se indica en el comunicado oficial, Arri seguirá funcionando como una empresa autónoma, manteniendo su equipo directivo y su sede en Munich.









