No es fácil charlar con Eugenio Recuenco sin acabar tropezando en algún tópico. Como lo de que es uno de los fotógrafos más reconocidos del país. O que se mueve como pocos entre trabajos artísticos y obra más personal aunque, según nos cuenta, últimamente eso está cambiando.

O lo de su mirada que se suele etiquetar como cinematográfica aunque lo suyo empezó en bellas artes, siguió por la fotografía y sólo luego llegó el cine. Tras su colosal proyecto 365 y embarcado ya en “Las 1001 noches” que, confiesa no sabe si será capaz de concluir, Recuenco estará en FUJIKINA Barcelona, la cita fotográfica organizada por Fujifilm para el próximo 16 y 17 de noviembre. Como aperitivo de lo que hablará en esa charla, aquí lo que nos ha contado.

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Aunque puede parecer una pregunta sencilla, pedirle a Recuenco que nos cuente en qué anda ahora mismo abre la puerta a una interesante reflexión sobre proyectos artísticos, encargos comerciales, estilos y la situación del sector.

“Hice una primera exposición en Berlín en el 2013 con un resumen de fotografías que había hecho para encargos comerciales pero en las que había un interés artístico y narrativa”, recuerda. De ahí surge la certeza de querer ir más allá. “Quiero presentarme con algo que no dependa de los pedidos o de la creatividad, y de ahí surge 365, mi primer proyecto totalmente personal  grande”.

Las Mil y Una Noches

Ocho años de trabajo, centenares de personas involucradas y un proyecto que empezó como una colección de fotografías pero acabo siendo algo más. “Cuando terminas esa colección de fotos te preguntas si todo aquello es un libro, una exposición… Y es al montar la exposición de 365 cuando descubro que el proyecto se ha convertido en una instalación donde las fotografías son interesantes, pero la forma en que se exponen es lo que hace que el espectador las perciba de forma diferente”.

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Foto: Eugenio Recuenco

Y tras ese descomunal trabajo, llega el turno de ‘Las Mil y Una Noches’. Un particular recorrido histórico planteado como un proyecto a muy largo plazo  y en diferentes etapas que le permiten ir exponiendo parte de la obra y donde la libertad creativa y de composición va un paso más allá. “Es un poco para desquitarme del 365 porque allí tomé la decisión de dejar fija la cámara en una posición para toda las historias y a nivel fotográfico eso limita mucho”, señala.

“Se trata de contar el mundo alrededor nuestro y donde la forma de disparar, el color, la luz y la forma de exponerse marcan el estilo de cada una de esas doce salas. Tienes la sensación de ir pasando por las exposiciones de diferentes fotógrafos, todo lo contrario a 365, porque aquí tengo la opción de trabajar con diferentes técnicas

1001 fotos que, en algunos casos, parten de proyectos o imágenes ya realizadas para algún encargo comercial y que, vistas en su conjunto, plantean unos cuantos retos. ¿Dónde exponerlo? ¿Qué museo cuenta con 12 salas de esta envergadura?

Es más, se pregunta el autor, en qué países del mundo o incluso de Europa se podrían mostrar todas las fotografías sin tener problemas por el contenido de alguna de ellas. Y otro reto más: ¿cómo trasladar a un libro que se pueda vender fotografías que él imagina de gran formato y tal vez impresas sobre cemento?

Película y digital

¿Y cómo es el proceso creativo en este tipo de proyectos a largo plazo? ¿Se pueden pensar y planificar fotos a años vista o las ideas van evolucionando según se desarrolla el trabajo?  “Tú marcas con la brújula una dirección, pero está todo abierto. En 365, por ejemplo, empezamos con 40 o 50 ideas que nos gustaría desarrollar Y poco a poco, a lo largo de los años va creciendo. En esos ocho años hacemos un viaje que también se refleja en el propio proyecto y que no puede darse si es algo rápido y totalmente planeado», detalla.

“Tengo dos salas en marcha. Una se parece a lo que había hecho hasta ahora, pero la otra es sobre desnudo, un tema y un planteamiento totalmente diferente a lo que he visto. Cuando lo termine será el primer libro, porque en este proyecto cada parte puede funcionar por separado y vamos a intentar poder ir enseñando lo que vamos haciendo sin tener que esperar hasta el final para ver todo”.

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Foto: Eugenio Recuenco

Un proyecto grande, enorme, pero formado de partes más pequeñas y manejables. “Yo lo veo como una catedral, cada cosa que vayamos enseñando será una pieza del todo, los frescos, la decoración el retablo… y luego al final, la catedral”.

Aunque no parece Recuenco el tipo de fotógrafo que se preocupa por la cámara, reconoce que el soporte y el formato elegido para disparar también son clave, y van variando según el tema.

“Tengo cosas disparadas en negativo, incluso en una serie estoy trabajando en PolaChrome caducada, ya ni existe, nunca sé lo que va a salir y es parte del juego. Pero trabajo también en digital, tanto formato medio como más pequeños. Vas combinando porque a veces quieres rapidez, otra una textura o puede que lo que me interesa es forzar el sensor y ver cómo reacciona el píxel, porque llega un momento que me empieza a interesar lo que ocurre”, explica el autor.

Creador de imágenes

Desde hace años a medio camino entre la fotografía y el cine, las etiquetas siempre son complejas pero, puesto a elegir, él se queda con “creador de imágenes” porque incluye tanto las fijas como en movimiento. Y no es su única encrucijada, porque lleva tiempo “como el hombre de la foto de Cartier-Bresson, saltando el charco entre lo comercial y lo artístico”. 

Algo que puede sonar bien, pero que, como explica, acaba dejándole muchas veces en un terreno de nadie. “Los fotógrafos me ven como artista y creen que por eso en un encargo igual das muchos problemas. Pero desde el punto de vista del arte me consideran un fotógrafo de moda, comercial, que hace fotos bonitas y ya está”, señala.

“Yo de joven quería ser reportero de guerra, me hizo mucha ilusión cuando Gervasio Sánchez me llamó para los encuentros de Albarracín porque les admiro mucho, esa capacidad de ver la foto y encuadrar en el momento justo. Es el fotógrafo que a veces a mí me gustaría ser” 

¿Pero es la parte comercial una forma de poder pagar los proyectos personales? Es parte del plan porque, aunque desde fuera pueda parecer lo contrario, ni siquiera Eugenio Recuenco puede vivir sólo de la venta de su obra personal. Se vende, reconoce, pero menos de lo que haría falta para poder autofinanciarse. 

“Llevamos a una exposición unas 25 fotos. Se vendieron ocho de gran formato lo que, en cierto modo, es un gran éxito. Pero yo necesitaba vender once o doce para poder recuperar la inversión de esa exposición”, recuerda.

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Foto: Eugenio Recuenco

También la parte comercial, la fotógrafía publicitaria, ha cambiado mucho en estos años. “Cada vez me llaman menos”, reconoce. Antes era posible participar en estos proyectos desde el principio, trabajando la creatividad desde cero, pero ahora muchas veces se trata de ejecutar casi unas ordenes para conseguir una foto que ya viene pensada y decidida.

“Ha cambiado radicalmente. Hemos pasado de un respeto por la creatividad y por lo diferente a los resultados rápidos, sin construir nada, sin visión de futuro y buscando sólo el aplauso inmediato”, critica mientras enumera conocidas marcas de lujo con las que ha trabajado en China y con las que ha tenido que rodar anuncios “con niños de 22 años simplemente porque tenían muchos followers”.

De todos estos temas y seguro que de más hablará Eugenio Recuenco en su charla durante FUJIKINA Barcelona. Si todavía no has comprado tu entrada, es el momento.