¿Qué es lo peor de dedicarse a la fotografía? Poner esta pregunta sobre la mesa puede ser el inicio de una larga charla en la que desgranar las miserias de un sector en el que las tarifas bajas o el escaso reconocimiento de la profesión suelen figurar entre las quejas más recurrentes.
No obstante, un reciente estudio ha decidido abordar la cuestión intentando dar con problemas más concretos en el día a día de los profesionales. Y las horas dedicadas a la edición de las imágenes y las consecuencias que eso supone en cuanto a fatiga mental e incluso física se coloca como uno de los mayores quebraderos de cabeza de este estudio: más de la mitad asegura que esta tarea tiene efectos sobre su salud mental y psicológica.
Es cierto que el estudio en cuestión recoge una muestra muy limitada (poco más de 400 fotógrafos y fotógrafas) y, sobre todo, que está encargado por Neurapix, una empresa que ofrece un programa de edición de fotos mediante IA. Y ya se sabe que quien paga el estudio tiene derecho a que los resultados confirmen las conclusiones que necesitan para poder vender algo.
El drama de la edición
Pese a ello y la prudencia con la que hay que tratar siempre los datos de este tipo de estudios con un claro interés comercial, la encuesta sí que arroja algunas cifras interesantes. Por ejemplo, descubrimos que la inmensa mayoría de profesionales, más del 60%, dedica unas 10 horas semanales a la edición de las imágenes.

Una labor que no sólo afecta a la productividad y a la capacidad para aceptar más trabajos -señalan los autores del estudio- sino que también tiene consecuencias sobre el estado de salud de los fotógrafos. Algunas son lógicas y esperables (fatiga, cansancio de ojos, dolor de espalda y cuello…) pero entre las más habituales también se menciona por ejemplo los problemas de concentración derivados de esta tarea.

Aunque la fatiga afecta casi por igual a todos más allá de la edad y la especialidad fotográfica, sí resulta interesante ver cómo van variando los problemas o la importancia que se les da en función de la experiencia y los años en el negocio.
La presión, ese concepto tan general y ambiguo, es una constante y son muy pocos los que aseguran estar libres de ella. No obstante, los máximos de esa actitud libre de presión (sigue siendo sólo de poco más del 12%) se registran el primer año de oficio y tras una década de experiencia.

En líneas generales, son los primeros meses y tras una larga experiencia cuando la presión del cliente y los plazos de entrega afectan menos. Eso sí, las disputas privadas al comienzo son uno de los principales problemas a los que se enfrentan quienes dan los primeros pasos en la profesión.










Cuán cierto es lo que se comenta. Días delante del ordenador para un evento que a lo mejor duró unas ocho horas, aunque normalmente las jornadas eran superiores. Discos duros, en rojo, al límite de almacenamiento, que si correos a novios, que si mando una muestra, que si envío la maquetación definitiva al laboratorio… eso en foto, supongo que en video será similar o incluso más horas delante del ordenador. Luego echas cuenta a como te sale la hora y es deprimente.
Bueno, al menos ganas una pasta. Peor están aquellos que trabajan tanto o más y no llegan a fin de mes… eso sí que es estrés.
No tenía derecho a decirte esto. Estuvo mal por mi parte, me equivoqué y lo siento.
Para nada tienes que disculparte. Hoy en día en los trabajos se sobrevive más que otra cosa, no es como en mis tiempos, donde al menos había una continuidad. Estuve trabajando en la era digital pero lo que vi no me convenció y lo dejé, precisamente por las grandes jornadas de trabajo y poco peculio.
Me tuve que meter en el digital a la fuerza allá en el 2002. Para el 2004 estaba ya quemado, sigo en la brecha (el dilema del eterno autónomo), pero conseguí desvincularme del trabajo diario con la fotografía cuando le vi las orejas al lobo y me conseguí otro trabajo reduciendo progresivamente la fotografia como profesión, y bendito el día que tomé esa decisión.
Los fotógrafos de nueva generación que nunca trabajaron con pelicula no lo entenderán porque no lo vivieron. Nunca conocerán lo que supuso la libertad de trabajar con película, tanto negativos como diapos, enviando a los profesionales (los laboratorios industriales) tu trabajo para que ellos hicieran el suyo con la mayor profesionalidad, y que a los dos dias pudieras recibir todo hecho, y de inmediato entregarlo al cliente. Ganando 5 veces mas, y «cerrando» tu negocio a hora puntual y poder tener vida social, familiar, etc…
Y no es que no se «editara», que sí, habia que seleccionar negativos, reencuadrar con lupa y caja de luz si era necesario, enviar pruebas de laboratorio, fotos pequeñas en papel, etc… pero se llevaba mucho menos tiempo y era mucho menos cansino que andar horas y horas frente al monitor. El fotógrafo de entonces se podia concentrar en lo suyo, que era la toma, la iluminación, el acto en sí de fotografiar, experimentar y mejorar, y tratar en el area comercial con los clientes. Ahora el fotógrafo es una especie de hombre orquesta mal pagado e infravalorado como profesional, que encima casi no llega a fin de mes y echa mas horas que un reloj frente al monitor.
Yo al menos sigo en la fotografia como profesión a jornada parcial, pero colegas mios del gremio terminaron super quemados, y ya completamente desvinculados y odiando una profesion que en otros tiempos fue su pasión. Hasta ahi hemos llegado con la fiebre (la locura) del pixel.
Amén.
Amén y mil veces amén.
Quién sabe si aquellos tiempos pueden regresar, al menos en parte. Son muchos los que vaticinaron hace años que lo analógico era una moda, que pasaría, pero ya está visto y comprobado que no es así… al contrario, cada día hay más gente que se pasa al analógico.