
Desde su quiebra en 2012 no es fácil seguir la pista a las empresas que surgieron de lo que en su momento fue Kodak. Más allá de los muchos productos que lucen este nombre y su logotipo tras pasar por caja y haber pagado la licencia correspondiente, básicamente el negocio quedó dividido entre Kodak Alaris y Eastman Kodak Company que mantiene en marcha el que sigue siendo uno de los negocios más lucrativos de la marca: la película de cine.
El caso es que Kodak Alaris tiene nuevo dueño. El fondo Kingswood Capital Managment se ha hecho con el control de la compañía, que desde 2020 era propiedad del fondo de pensiones británico UK’s Pension Protection Fund. Además del negocio de impresión en tiendas a través de Kodak Moments o la digitalización de documentos, el negocio de carretes de película es otra de las divisiones de esta compañía.
Y, aunque a priori podría parecer que este es el gran atractivo de la compañía dado el imparable precio de la película y el más que notable incremento de las ventas en los últimos años, una vez más la realidad económica se empeña en llevar la contraria a lo que parece evidente desde el escaparate fotográfico.
Y es que, según los expertos, los propietarios ingleses hace años que buscaban comprador para Kodak Alaris, cuyas cifras de negocio no parecen ser demasiado buenas y acumulaba ya varios años de pérdidas.
Con sede en Los Ángeles, Kingswood Capital Managment se ha comprometido a inyectar inversión en la compañía y trabajar por mejorar esos números aunque, como es de sobra sabido, este tipo de fondos buscan rentabilidad a corto o medio plazo y no suelen dudar a la hora de cerrar o deshacerse de las áreas de negocio menos rentables.











¿¡A manos de un fondo de inversión!? En tal caso, adiós…