Aunque en esta casa los de los unboxings no nos motiva demasiado, no hemos podido resistir la tentación de desempaquetar y tener entre manos la nueva Leica M11-D. Y es que estamos hablando de una de las cámaras más especiales del mercado, nueva generación de una saga de cámaras digitales sin pantalla que, aunque ya hace años que existen, siguen sorprendiendo mucho.
No es para menos, teniendo en cuenta que tener una cámara digital sin monitor trasero no sale nada barato. En el caso de la nueva M11-D, concretamente 9400 euros. El cuerpo de la cámara, claro, porque luego habrá que sumar lo que cueste la óptica con montura M elegida.
Es verdad que hacer chistes sobre esta cámara sería muy fácil. Demasiado, seguramente, como para caer en ello. ¿Es un capricho? Claro ¿Es una cámara para quien puede permitírselo? Evidentemente. Pero también es una curiosa mezcla entre la última tecnología digital y una forma de disparar y trabajar parecida a las de las Leica M de antaño.

Más allá de la sorpresa que siempre produce un modelo como éste, en realidad estamos hablando de la tercera generación de esta saga que empezó con la Leica M-D de 2016 que, por cierto, pasó por nuestra manos. Costaba por aquel entonces unos 6000 euros, ahora estamos en más de 9000 y se sigue produciendo y vendiendo, así que está claro que tiene su público.
«Corazón digital, alma analógica», dice Leica al hablar de este nuevo modelo. Más allá de la poesía, es un buen resumen de la idea de una cámara que lleva al extremo eso del minimalismo en los mandos.
Leica M11-D, la pantalla está en el móvil
Básicamente tenemos disparador, dial para la velocidad y en la parte trasera un control de la sensibilidad de diseño inspirado en las cámaras de película. La apertura, claro, se controla en la propia óptica, el visor es de telémetro y, por supuesto, el enfoque es manual con ajuste por imagen partida.

Según la marca es la mejor manera de poder centrarse en la imagen y su composición y no en las doscientas opciones y sus correspondientes menús. Aunque la respuesta lógica sería decir que no es obligatorio ni mirar la pantalla ni pasarse media vida configurando la cámara, todos sabemos que es lo que luego muchas veces ocurre.
¿Pero entonces cómo elegimos el formato o tamaño de imagen? ¿Y el balance de blancos? ¿O cómo sé cuanto espacio me queda en la tarjeta o en la memoria interna de 256 GB que incorpora la cámara? Las preguntas son muy lógicas, porque una cosa es ir de analógico y otra olvidar que tenemos entre manos una cámara digital que, entre otras cosas, permite elegir tres configuraciones de resolución del sensor, emulando en cierto modo el pixel bining de los móviles.

La solución a todos esos problemas está en el móvil. Y es que la M-11D no tiene pantalla ni menús en la cámara, por lo que su control pasa a la aplicación Leica Fotos. Desde allí, además de revisar las imágenes hechas, también es posible ajustar todos estos controles y, una vez hecho, si queremos olvidarnos de esa parte digital y volver al purismo de la cámara y sus controles.
Menos es más, también en el precio
¿Práctico? No es el tema, porque aquí lo importante es la experiencia de uso y cómo afecta a la forma de trabajar. ¿De verdad haríamos fotos diferentes sin pantalla y con menos mandos y menús? Puede ser interesante para hacer un experimento, probarlo y, si es así, ver si los ahorros llegan para una cámara como esta M11-D.
En la larga lista de preguntas que surgen al tener una cámara así entre las manos, una de las más obvias es por qué ninguna otra marca se atreve a hacer algo así. Y más en estos tiempos extraños en el mercado fotográfico en el que está claro que hay un público dispuesto a pagar por algo diferente, ya sea una cámara con sensor en blanco y negro o una compacta de carrete.
¿Por qué no una Pen F con esta filosofía? ¿O una Fujifilm X-Pro que suba la apuesta del último modelo que ya amagaba con esconder su monitor? ¿Y una Sony RX1 en esta línea clásica en su sentido más radical? Aunque, sin duda, todos esos modelos imaginarios costarían menos de 9000 euros, tal vez es que hay cámaras que sólo Leica se atreve a hacer porque es la única marca a la que se le permiten ciertas cosas.











En todos los aspectos, la fotografía digital lleva toda la vida intentando parecerse a la química…
Aparte de la calidad que se le presupone de materiales, ajustes de fabricación y seguro que longevidad, lo único que tiene distinto a nivel de uso de una digital actual, es el enfoque telemétrico. Tener esa experiencia de ir mirando por un visor óptico y apreciar cómo se juntan las dos imágenes en donde está el foco, es curiosa. Poco más. El resto, querer hacer fotos con solo el manejo de ISO, la velocidad y el diafragma, con la pantalla apagada y sin revisión posterior de la toma… esa experiencia la podemos tener con cualquier cámara; basta con ir en manual.
Dicho esto, ojalá y alguien que me quiera mucho me regale una (con el objetivo montado, claro, que serán otros 6.000).
Es decir, respetando al máximo la elección de cada persona, está claro que elegir esta cámara, nunca tendrá una motivación lógica de uso. Será otra sin duda pasional.
Si actuáramos de manera razonable, no nos embarcaríamos ni en una hipoteca…
Una M6 digital , perfecto.
El enunciado se queda corto, por 9.000 € no sólo te viene sin pantalla, si no que tampoco te regalan una tarjeta SD extraíble y por supuesto, mucho menos el visor digital extraíble.
A ver, señores de Leica, subid el precio un poquito más, pongamos, 9.999 € y añadimos una tarjeta SD decente y ese visor electrónico que tenéis como accesorio y listos, el objetivo no es importante, por 15.000 € tenemos un Noctilux, total por menos de 25.000 € (24.999 €) tenemos algo decente, lo cogéis?
Tengo varios pensamientos haciendo ruido en mi cabeza.
Primero voy a aclarar que soy un viejo fotógrafo, mitad de mi vida en analógico y la otra en digital. ¡No cambio el respaldo digital por nada del mundo!.
Me parece genial tener la opción disponible de no tener pantalla en una cámara digital, es mucho más barato cambiar de smart phone que mandar al service una cámara con la pantalla destruida.
No me preocupa una pantalla, sí puedo ver el menú en un smart phone, pero quisiera poder coordinar todos los cuerpos en sensibilidad y temperatura color en forma unificada y no tener que corregirlo en dos o tres cuerpos distintos uno por uno. ¿Leica D me permite eso?. (También unificar la fecha y hora de las mismas, pero eso es de pesado…)
Muchas veces trabajando al aire libre es imposible observar la pantalla por los reflejos de la luz y es muy fácil hacer viseras de cartón plegables para un smart phone.
Por experiencia y más que todo por edad y problemas acordes en la vista, miro poco la pantalla de mis cámaras. De hecho miro el resultado de una imagen y muchas veces el menú en el visor híbrido de las X-Pro, ya que tengo ajustada la dioptría y no necesito ponerme mis gafas.
Por lógica cualquier cámara sin pantalla debería costar menos… Pero en este caso, es solo marketing, mas allá de las bondades de una Leica.
Yo prefiero usar la pantalla más que el visor. Quizá también porque llevo gafas y me resulta más cómodo…
Te entiendo!, a mi controlar encuadre y foco en la pantalla me resulta muy incomodo. Me suelen molestar mucho los reflejos. De todas formas en el hecho de solo querer mirar por el visor debe pesar mis años de analógico y mis años de réflex digital.
Hace 40 años sí usaba el visor, pero porque no me quedaba más remedio… y entonces tampoco llevaba gafas. Me he acostumbrado a la pantalla (que no a la del móvil, jaja) y me siento más a gusto.
A mí me parece genial esta filosofía e incluso pagar bastante por fotografiar de esta manera. Pero es pasarse. Tengo una M2 con la que hice varios reportajes periodísticos y una M9, más bien por capricho. Me encantan; pero los precios están disparadísimos. Creo que también Leica tendría que moderar un poco los precios para que al menos los fotógrafos interesados en su filosofía pudieran comprar algo de su escaparate. Los demás compramos de segunda mano a pesar de que tampoco es un chollo.