¿Y si con una sola pulsación del disparador pudieras obtener dos  fotografías seguidas del mismo instante: la primera fuera un barrido y la segunda una congelación del movimiento? La pregunta nos la lanzó hace un tiempo el fotógrafo Asier Pagoaga. La respuesta fue la obligada cuando alguien pone sobre la mesa un tema que suena interesante: cuéntanos más. Y lo hizo.

Imagina qué obtienes dos imágenes totalmente diferentes del mismo instante, pero con distintos tiempos de exposición. La primera de ellas a 1/4 de segundo con f22 ISO 100 y la segunda a 1/250 de segundo f 5.6 ISO 800.

Es decir, un click da como resultado un barrido y una congelación. Algo que todos hemos aprendido en las primeras lecciones de control de la velocidad y sus efectos en la fotografía. Pero siempre, claro, teniendo que elegir entre estas dos opciones.

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Al tener dos imágenes del mismo instante -continúa Pagoaga- podríamos seleccionar las partes de congelación que nos interesen y superponerlas sobre el barrido previo, pudiendo conseguir por ejemplo, una fotografía nocturna de calle con las caras de las personas bien expuestas.

Sería algo similar al efecto que se consigue sincronizando el flash a la segunda cortinilla, pero sin necesidad de añadir un destello de luz a la escena. Por tanto, sin afectar a la luz natural ni tener que llamar la atención en el momento del disparo.

¿Y cómo se haría?

La teoría no suena mal. En realidad, cierto, no se trataría del mismo instante al tener que haber dos obturaciones. Pero la idea se entiende. ¿Y esto sería viable de implementar en una cámara? El ideólogo de este modo de exposición que ha bautizado como «Moving freeze» está convencido de ello.

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A la hora de programar las cámaras, detalla, hay un lenguaje informático que implementa las funciones. Es él mismo leguaje que posibilita programar un “bracketing”, automatizando los parámetros que hemos seleccionado.

La idea sería crear un nuevo modo de disparo especifico, que permita seleccionar las dos velocidades de esa doble obturación, dejando a la cámara escoger el resto de parámetros automáticamente, jugando por ejemplo con la sensibilidad.

¿Alguien se anima?

La idea no parece descabellada ni muy difícil de implementar. Que no se haya hecho tal vez prueba que algunas de las dos reflexiones anteriores son incorrectas. No tiene mucho que ver pero, por ejemplo, OM System ya juega con la velocidad de obturación en exposiciones largas en su modo Live Time para ir viendo en directo en pantalla el resultado.

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En tiempos de fotografía computacional, no suena imposible. De hecho, nos consta que Asier Pagoaga ya ha lanzado la idea a una marca que, por ahora, no ha respondido. Quien conozca un poco el sector tampoco se sorprenderá porque escuchar no suele ser el punto fuerte de los ingenieros que se dedican al diseño y desarrollo de cámaras.

Un condescendiente «lo estudiaremos» es lo máximo que se suele conseguir cuando alguien sugiere algún pequeño cambio en un menú, una función o, sencillamente, algo que no funciona como se supone que debería.

Ojalá -apunta Pagoaga- la idea llegue de algún modo a los responsables de I+D de alguna marca del sector dispuesta a ofrecer nuevas funciones creativas para el usuario final.

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