«Sebastião Salgado fue mucho más que uno de los más grandes fotógrafos de nuestro tiempo. Junto a su compañera de vida, Lélia Wanick, sembró esperanza donde había devastación. Su lente reveló el mundo y sus contradicciones; su vida, el poder de la acción transformadora». Con estas palabras anunciaba el Instituto Terra -creado por Salgado y Wanick- el fallecimiento del fotógrafo con 81 años de edad.

Retrató como pocos, con ese blanco y negro profundo que se convirtió en parte de su firma, el trabajo, las migraciones y también la belleza de la naturaleza. Economista de formación, la pasión por la fotografía le llegó tarde, de la mano de su compañera. Reportero durante décadas, fue testigo del horror hasta el punto de, como él mismo explicaba, llegar a enfermar.
Comprometido con la política y la defensa medioambiental, nunca tuvo problema en responder a quienes le acusaban de embellecer la pobreza con sus espectaculares fotografías. «¿Por qué el mundo pobre tiene que ser más feo que el rico? La luz es la misma, la dignidad también», reivindicaba.
También, como recordaba durante la entrega del premio honorífico por toda su carrera en los World Photography Awards de 2024, se negaba a ser considerado un artista, pese a que las copias de sus imágenes se cotizaban en galerías de arte. Ser fotógrafo, decía, y estar en los lugares para poder contarlo es un privilegio.
Oficialmente retirado desde principios de 2024, vaticinó el fin de la fotografía en pocas décadas, aunque es verdad que luego matizó sus palabras. Tampoco tenía problemas en dejar claro que él era más de cámaras que de móviles e incluso cuestionaba que lo que se hacía con estos pudiera ser considerado fotografía.

Salgado estuvo recientemente en Barcelona en el homenaje a Joan Guerrero donde recibió el primer premio que lleva el nombre de este fotógrafo catalán. Uno más en una lista de reconocimientos que no dejará de crecer y que sirve para recordar que más allá de ser uno de los fotógrafos más grandes de nuestro tiempo, Sebastião Salgado era también -o sobre todo- una buena persona.
Un buen momento para ver o volver a ver el documental La Sal de la Tierra (disponible en Filmin) dirigido en 2014 por Win Wenders que recoge parte de su carrera y uno de sus proyectos más notables: la reforestación durante 20 años y con millones de árboles de una zona de Brasil.
«Ya he vivido mucho y visto muchas cosas», decía al anunciar su retirada a principios del pasado año. Seguramente el mejor epílogo para una vida en la que, como señalan desde el Instituto Terra, cultivó la justicia y la belleza











Que en paz descanse, gran Salgado.
En 3, 2, 1 el memo de guardia afirmando que esas fotos las hacía el mejor y más rápido con su móvil de última generación.
Esas fotos con un móvil, no… Pero que Salgado haría mejores fotos con un móvil que tú con la mejor cámara del mundo, tampoco lo dudamos. Ahora vas y lo cascas. xD
L’obra perdurarà, un gran entre els grans.
Que la tierra te sea leve, maestro.
P.D. Hasta en estos hilos tiene que parecer algún bobo a soltar sus paridas.
Descansa en paz, Sebastiâo. Gracias por tu legado.
Salgado no fue un fotógrafo al uso. Fue un testigo incómodo, un cronista de la dignidad humana y un activista de la belleza. Su cámara no disparaba, abrazaba. Y en cada imagen nos recordó que, pese a todo, el mundo aún merece ser contado.
Hoy, el planeta es un poco más ciego sin su mirada.
Muchos lo conocen por su vertiente paisajista. Sin embargo, su primera etapa, mucho más humanista, me encantó y creo que es su mejor trabajo.