Un libro en forma de caja de cerillas como aquella con la con la que, muchos años atrás, un pequeño Guerrero jugaba como si de una cámara fotográfica se tratara. Una caja agujereada que vaticinaba al gran fotógrafo y mejor persona en el que se convertiría.

Ese es el bonito formato de presentación con el que llega el libro “Alma, vida y corazón”  y que  hace unos días se presentó en el Museo Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) como parte del homenaje al fotógrafo Joan Guerrero organizado por Catalunya Mirades Solidaries.

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Sus amigos se refieren a él como un poeta, un “fotógrafo de camino” de los que se paraban a escuchar, a conocer y estar al lado de las personas fotografiadas, un fotógrafo que no se conformaba con hacer fotos  y que siempre buscaba la historia personal en cada disparo. 

Militante y activista sindical luchó siempre por los derechos de los fotógrafos y fotógrafas, y en general, contra las injusticias, aunque fue especialmente sensible con temas sociales y de migración. La conciencia de clase le acompañó como su cámara, hasta el final de sus días.

Libro Alma, vida y corazón – Homenaje Joan Guerrero-2

La gran caja de cerillas “Alma, vida y corazón”, diseñada por Diana Martínez Rodríguez, contiene en su interior dos libros. El primero con el mismo nombre de la caja, es un recopilatorio de fotografías que los amigos de Guerrero le hicieron a lo largo de su carrera y con el que han querido dejar constancia de lo importante que fue “el maestro” para sus compañeros de profesión.

El segundo es una nueva edición ampliada de  “Los abrazos del viento”, el libro que el fotógrafo publicó hace unos años, con un texto a modo de memorias, un centenar de fotografías y algunos manuscritos. 

En la presentación del libro también se dio a conocer el bonito audiovisual realizado por David Airob “Alma, vida y corazón: Retrat d’un home bo (Retrato de un hombre bueno).

Los dos libros incluidos en la caja pueden comprarse en la página web de Catalunya Mirades Solidaries por 30 euros. Los beneficios irán destinados a través del Padre Gabicho a la construcción y mejoras de las condiciones de la comunidad indígena de Riobamba en Ecuador.

El Padre Gabicho fue amigo personal de Joan Guerrero y el nexo de unión con Sebastião Salgado, que se convirtió también en amigo aunque nunca llegaron a conocerse en persona. Por este motivo Salgado recibió el primer «Premio Joan Guerrero» como parte del homenaje al fotógrafo. 

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