Es la gran novedad de esta generación: apertura variable en la óptica de la cámara principal de los iPhone 18 Pro y Pro Max. Efectivamente, este smartphone no es el primero, ni de lejos, en apostar por una función que hemos visto en terminales de diferentes marcas desde 2019. Y a la que, también es verdad, nunca le hemos hecho demasiado caso porque su utilidad real siempre ha sido cuestionable.
Pero la apuesta de Apple por esta cámara que permite ajustar cuatro aperturas de diafragma entre f1,48 y f4 vuelve a poner de actualidad algo que, en realidad, resulta de lo más natural para cualquier usuario de cámaras convencionales. Y, de paso, estrena de forma nativa en la aplicación de cámara del iPhone los controles manuales que hasta ahora sólo estaban disponibles en aplicaciones de terceros. Y sin poder, claro, ajustar la apertura.

Así que toca hacerse varias preguntas con los nuevos iPhone 18 Pro entre manos. Al menos para quienes se acerquen a ellos desde el punto de vista de un uso avanzado tanto en foto como en vídeo. Vaya, lo que siempre nos interesa en Photolari.
Apertura variable, la utilidad real
La llegada de estos ajustes manuales significa que ahora en el menú desplegable de control tenemos opciones para la apertura, la velocidad y el balance de blancos, entre otros. Su integración está realmente muy bien conseguida, de modo que quienes quieran usarlo podrán hacerlo de forma muy intuitiva y si no nos interesa, podemos olvidarnos y todo seguirá funcionando en automático igual de bien que siempre.

Una solución mucho mejor pensada que la que llevamos años viendo en terminales Android de gama alta y donde las opciones avanzadas o el control de los formatos es un auténtico laberinto de modos, ajustes y configuraciónes. En este sentido, Apple ha vuelto a demostrar que domina muy bien los interfaz fotográficos y que tiene detrás gente que sabe lo que es usar una cámara.
Volviendo a esa apertura variable, en el menú aparecen los cuatro valores (f1,48, f1.8, f2.8 y f4) y un modo automático. Así de simple. Combinando los automatismos y modos manuales podemos trabajar, por tanto, en prioridad apertura o diafragma. El ISO, eso sí, siempre será automático, lo que obliga -sobre todo en vídeo- a poner entre comillas eso de ajustes manuales.
¿Pero se nota en la imagen si disparamos con una apertura u otra? La respuesta rápida es sí. El sensor sigue siendo pequeño comparado al de las cámaras, pero el efecto en la profundidad de campo es evidente si comparamos f1.5 con f4.
Eso sí, será un efecto más natural y suave que el que se consigue en el modo retrato o con la opción «profundidad» (la f que aparece a la izquierda del disparador) incluso cuando estamos controlando de forma manual la apertura. Y que, la verdad, despista un poco y sería más interesante esconder en este caso. Es más, en el botón «camera control» del iPhone 18 Pro nos encontramos con esta opción, pero no con el control de apertura. Son pequeños detalles a revisar.
¿Y se nota la diferencia entre el f1,48 y el f1.8 que teníamos hasta ahora? La verdad es que no. Eso sí, nos ha llamado la atención comprobar la tendencia del iPhone 18 Pro en modo automático a disparar siempre a f1.8 más allá de las condiciones de luz de la escena.
Otro de los efectos de este control de apertura es que, si cerramos a f4, podremos conseguir el efecto «estrella» en las luces de la escena. Por supuesto, sólo será posible con la cámara principal, porque las otras dos mantienen su apertura fija.
iPhone 18 Pro vs iPhone 17 Pro
El sistema de cámaras es muy similar al visto en la generación anterior. La principal es un 24 mm con sensor 1/1,28″ y 48 megapíxeles. El angular un 13 mm f2.2 con sensor de 1/2.55 y también 48 megapíxeles y este mismo captor y resolución lo tenemos en el 100 mm f2.9, el zoom 4x del smartphone. La cámara frontal, por su parte, mantiene el sensor cuadrado de 18 MP con una focal equivalente a 20 mm f2
Así que sin aparentes cambios más allá de la apertura variable y de lo que el procesador más potente pueda hacer por la imagen no sorprenderá que apenas hayamos notado diferencia en los resultados entre este iPhone 18 Pro y la generación anterior.

En el vídeo podeis ver la comparativa, pero más allá de pequeños detalles en la cámara principal o los citados efectos de la apertura, todo lo demás sigue igual. Eso significa que tenemos unos resultados que, en lineas generales, son excelentes en cuanto a detalle, color y resolución.
Quienes busquen unas texturas y acabados más fotográficos, deberán disparar en RAW en vez de en JPEG. Nada nuevo tampoco en este sentido porque ya hace generaciones que ocurre, aunque es verdad que las imágenes ya procesadas en JPEG ofrecen un muy buen equilibrio entre calidad y comodidad de trabajo.

La cámara angular sigue siendo la más débil de las tres y también se echa de menos que el 4x (100 mm) ofrezca una distancia mínima de enfoque más corta, que permita tomas macro sin tener que depender del citado gran angular
Sí que hay novedades en otros pequeños detalles, como la opción de tener histograma en pantalla, o la nueva función de imagen de referencia -un sistema de certificación- que, eso sí, en Europa todavía no está disponible.
El enfoque se seguimiento que se activa tocando dos veces en la pantalla un sujeto u objeto en movimiento resulta muy ágil y pude ser especialmente útil en tomas de vídeo. En este terreno, tampoco hay novedades más allá de las citadas para foto y sus controles manuales, aunque al no poder ajustar la sensibilidad los usuarios avanzados tendrán que recurrir seguramente a aplicaciones de terceros para tener un autentico control de toda la exposición.
En cualquier caso, el iPhone 18 Pro revalida su papel de referencia como herramienta móvil para vídeo profesional. No es, como hemos explicado tantas veces, una cuestión de prestaciones o especificaciones, sino de los resultados consistentes que ofrece y de la capacidad de edición que ofrecen los clips de vídeo grabados con él.
¿Merece la pena el iPhone 18 Pro?
Es la pregunta que nos hacemos siempre ante cualquier nueva cámara o generación del iPhone. En este caso, además, hay que tener en cuenta que la subida general de precios por el coste de la memoria también ha afectado al iPhone 18 Pro, que llega con un precio de partida de 1468 euros, mientras que el iPhone 18 Pro Max parte de los 1618 euros. Para situarnos, el iPhone 17 Pro y el 17 Pro Max se pueden encontrar ahora a partir de los 1200 y 1350 euros, respectivamente.

Hablamos, por tanto, de unos 250 euros de diferencia entre la generación anterior y la nueva. Porque, por muchos que se empeñen algunos, creemos que comprar el iPhone con los buques insignias Android y sus estupendas cámaras es un ejercicio interesante como curiosidad y para generar debate y audiencia, pero de escasa utilidad. Lo hemos dicho siempre y lo repetimos: la mayoría de usuarios que buscan un iPhone quieren eso, un iPhone, y en su radar no entran opciones con otro sistema.
Así que las preguntas reales son otras. ¿Merece la pena actualizarse desde la generación anterior? ¿Si venimos de modelos más antiguos, mejor el 18 Pro que el 17 Pro? Evidentemente, si el presupuesto no es problema, la última versión siempre es la opción fácil. Más teniendo en cuenta que los iPhone tienen un precio de reventa muy bueno, con lo que invertir en ella se traducirá en un mayor precio dentro de un tiempo.

Pero esos 250 euros de diferencia son tentadores. Si los controles manuales y sobre todo el potencial de la apertura variable nos tientan y creemos que lo vamos a usar, más allá del entusiasmo de los primeros días, adelante. Si no, ese mismo dinero en un iPhone 17 Pro de mayor capacidad puede ser una excelente idea.


























Prefiero el iPhone 16, cuya cámara es muy buena, además no es tan angular (26mm) y es la misma que la del 17. Y con el dinero sobrante comprar una Sony RX100 VII, por ejemplo.
Por cierto, si no se dispara en RAW, mejor que el JPEG es el formato HEIF… que ocupa menos y tiene más calidad.