Tras poder tenerla brevemente en las manos en la feria IBC de Amsterdam, desde donde hicimos una primera toma de contacto, por fin hemos podido probar con un poco más de calma la nueva Nikon ZR, la cámara que marca el inicio real de la colaboración entre Nikon y RED Digital Cinema desde la fusión de ambas compañías.
Y es que la Nikon ZR es ante todo una cámara histórica, no sólo por ser el primer producto tangible que surge de esa colaboración, si no especialmente porque se trata de la primera cámara de Nikon que está diseñada y concebida principalmente para grabar vídeo, con la fotografía ocupando un segundo plano.

Tras pasar algunas semanas con ella podemos decir que la Nikon ZR es una cámara que nos ha generado bastantes dudas, es brillante en muchísimos aspectos y algo desconcertante en otros. Aunque personalmente hemos disfrutado mucho grabando con ella, y en buenas manos es capaz de ofrecer una calidad de imagen y un flujo de trabajo que difícilmente encontraremos en otros modelos de su gama de precios.
En este análisis vamos a intentar poner luz sobre todas estas dudas, por que la Nikon ZR es, ante todo, una cámara diferente.
Un diseño diferente
Para analizar esta cámara hay que empezar sí o sí hablando del diseño, porque es sin duda uno de sus aspectos más característicos y controvertidos. A primera vista la ZR encaja en esa nueva categoría de cámaras pequeñas y sin visor que están orientadas claramente a la grabación de vídeo, es decir como la Sony FX3 o la reciente Canon EOS C50.
Se trata de cámaras dirigidas a filmmakers independientes, creadores de contenido de cierto nivel o pequeñas productoras de vídeo, concebidas para usarlas como un equipo de grabación ligero, para montarlas en gimbals, drones o espacios pequeños, o para convertirlas en equipos de grabación más avanzados mediante el uso de rigs y accesorios.

Y lo cierto es que la Nikon ZR es realmente pequeña y prácticamente no tiene ni empuñadura. A pesar de ello es una cámara bastante cómoda de manejar, al menos con objetivos pequeños como el 27-70 mm f4 que hemos estado usando. Pero claro, la cosa cambia mucho si le montas una óptica grande como el contundente 28-135 mm f4 con zoom motorizado, en este caso el coger la cámara con una mano es prácticamente imposible.
En nuestra opinión es una cámara que pide a gritos más empuñadura, algo que afortunadamente se puede solucionar usando alguna jaula como las que ha lanzado SmallRig para este modelo.
Queda muy claro que Nikon ha priorizado tener un tamaño muy compacto por delante de otros aspectos, y eso ha provocado que hayan tomado algunas decisiones cuestionables. Por ejemplo, las ranuras para tarjetas están en el hueco de la batería, y esto sabemos que puede ser un problema para acceder a ellas si tienes la cámara montada en un trípode.

La ZR por cierto viene con ranura para CFExpress y otra para Micro SD, una combinación bastante inusual y no especialmente muy útil, ya que los códecs más potentes solo se puede grabar en la CFExprees, así que no se puede usar la Micro SD para hacer copias de seguridad o grabación redundante.
Otra decisión extraña y muy criticada es que la cámara cuenta con una conexión HDMI de tipo D o Micro en lugar de un HDMI de tamaño completo, algo muy extraño para una cámara que quiere llevar el apelativo de “cine” en su nombre. El Micro HDMI es una conexión poco fiable y bastante delicada, que tiene muy mala fama entre los usuarios.
Además de pequeña la cámara también es muy minimalista, y eso se nota en los pocos botones y controles que ofrece. Solo tiene dos diales, tres botones configurables, un pequeño joystick que no es especialmente cómodo, botones para la galería y el menú y dos botones de grabación, uno de ellos en el frontal. Y también un selector entre los modos de foto y vídeo, porque sí la ZR también hace fotos.

El botón de encendido no nos ha convencido mucho, ya que nos parece que es relativamente fácil pulsarlo involuntariamente por ejemplo si llevamos la cámara en la mochila con otras cosas. Un interruptor con dos posiciones claras hubiera sido la mejor opción. Eso sí, hay que señalar que la cámara se pone en marcha de forma casi instantánea desde que pulsamos el botón.
Por último en la parte superior, junto al botón de grabación, contamos con una palanca de zoom que se puede usar para desplazarse por las focales objetivos motorizados como el citado 28-135 mm. También se puede asignar otras funciones personalizadas como la ampliación de la imagen para enfocar.
Pantalla espectacular
Pero tal y como ya explicamos en la toma de contacto, todas las objeciones que podemos tener sobre el diseño se diluyen al desplegar la fantástica pantalla táctil de cinco pulgadas y 1000 nits de brillo que equipa esta Nikon ZR. Tras usarla durante unos cuantos días podemos confirmar que es una maravilla que consigue que nos olvidemos del visor incluso en contextos muy luminosos.
También es perfecta para manejar la cámara de manera táctil, algo que de alguna manera justifica que Nikon haya puesto pocos botones físicos en el cuerpo de la ZR. Los menús táctiles son además muy personalizables y bien organizados, dando accesos rápidos a las opciones de configuración más importantes.

Hay que aplaudir a Nikon que haya tenido la osadía de superar de una vez esas 3 pulgadas de pantalla con las que venimos lidiando desde hace años, que quizás son adecuadas para fotografía pero en vídeo se quedan cortas, y más aún si no tenemos visor.
Una cámara RED de bolsillo
Hace no mucho que una cámara de este tipo y gama fuera capaz de grabar en formato RAW internamente era algo bastante insólito, y ahora resulta que tenemos aquí a esta Nikon ZR que, por menos de 2500 euros, es capaz de grabar en tres formatos de RAW distintos en la tarjeta CFExpress: RED CODERAW, N-RAW y ProRES RAW HQ. Y puede hacerlo con resoluciones de hasta 6K y a 60 fotogramas por segundo, una locura.
Pero como ya sabéis la ZR lleva el mismo sensor full frame parcialmente apilado de 25 MP que la Nikon Z6 III, un sensor muy rápido que presume de tener el efecto rolling shutter casi totalmente controlado. De hecho es una de las cámaras con mejor nota en este aspecto del mercado.
La Z6 III también era capaz de grabar en N-RAW y ProRes RAW HQ en 6K a 60 fps, así que la grandísima novedad de la ZR es que se trata de la primera cámara que no es de RED Digital Cinema -o al menos no exclusivamente- que puede grabar en el formato RAW de RED, el REDCODE RAW. Y lo hace calcando la ciencia de color de las cámaras RED gracias al uso de su ciencia de color y de la curva Log3G10.

Se trata concretamente de una versión de este formato RAW diseñada especialmente para la ZR, tiene 12 bits de color y solo está disponible con un ratio de compresión fijo, lo que se traduce en unos archivos tremendamente pesados. Estamos hablando de unos flujos de 1590 Mbps al grabar en 6K a 60p. es decir que en una tarjeta de 256 GB podremos grabar unos 11 minutos de vídeo.
Lo que obtenemos a cambio es un flujo de trabajo que es un estándar en la industria del cine, y sobre todo un enorme control sobre la imagen en postproducción. El RED de RAW permite cambiar con facilidad parámetros ISO, el WB o la exposición, y es muy popular por su capacidad para proteger las altas luces.
En buenas manos la calidad de imagen que se puede conseguir grabando en este formato es fantástica, con unos colores ricos y naturales y unos tonos de piel fantásticos. Además la Nikon ZR viene armada con un filtro óptico de paso bajo, algo habitual en las cámaras de cine que sirve para restar algo de nitidez y evitar el muaré y los dientes de sierra.

Este filtro contribuye a que la imagen tenga ese aire más fílmico, que visto desde los ojos de usuarios de la mayoría de las cámaras híbridas del mercado puede parecer que es falta de detalle, pero no es eso en ningún caso. El detalle está ahí, pero está en su justa mediada.
Si queremos aligerar estos archivos también es posible grabar en formato 4K, lo que lleva el flujo de datos a unos razonables 730 Mbps. Pero cuidado, porque en 4K lo que hace la cámara es deshacerse de algunas líneas de resolución, lo que implica perder detalle y nitidez de forma bastante evidente. Esto se soluciona si grabamos en 4K pero usando el recorte DX, es decir multiplicando la focal por 1,5x.
¿Y si no quiero grabar en RAW?
El RAW de RED es fantástico, pero su peso y su curva de aprendizaje puede echar para atrás al más de uno. En el caso del N-RAW, el RAW de Nikon, tenemos tamaños de archivo similares a los de RED pero con peor ciencia de color y un flujo de trabajo menos optimizado. Y si obtamos por el ProRes RAW HQ estaremos limitados a 5,4K hasta 25p, y el tamaño sigue siendo enorme.
Así que como alternativa al RAW podemos grabar en algún formato comprimido, como el H.265. ¿Cual es el problema? Que en esta ZR el H.265 tiene 10 bits de color pero con un submuestreo de 4:2:0, y un flujo de datos variable bastante moderado. Es decir, no es un códec comprimido muy potente ni muy profesional.
En este formato podemos grabar en 5,4K hasta 60p, pero la calidad de imagen es sensiblemente peor que grabando en RAW. Esto no quiere decir que no se puedan conseguir buenas imágenes, pero un cámara de este calibre debería tener unos mejores códecs comprimidos, al menos a la altura de lo que ofrecen las cámaras de la competencia.

Es extraño que no haya más opciones intermedias entre un RAW y el H.265 de esta cámara. También es posible grabar en ProRes 422 HQ, pero este formato también tiene unos pesos de archivo que no son prácticos para según que trabajos
En todo caso en nuestro vídeo tenéis un montón de vídeos de muestra para valorar esto por vosotros mismos.
Por cierto, cámara pequeña, full frame, que graba en RAW internamente y que no tiene sistema de ventilación, ¿qué pasa con el calor? Pues sorprendentemente parece que nada, que la Nikon ZR aguanta sin problemas el calentamiento. Gente con paciencia que ha realizado pruebas ha sido capaz de grabar en RAW en 6K a 25p durante dos horas sin problemas. Y en 4K a 60p durante cinco horas.
Una cámara difícil de clasificar
Antes de acabar queremos destacar algunas cosas que hemos echado de menos en esta ZR, especialmente teniendo en cuenta el interés de Nikon por venderla como una cámara de cine. La primera es la ausencia de grabación en open gate, algo que está muy demandado últimamente y que muchos modelos que compiten directamente con esta cámara ya incorporan desde hace un tiempo. De solo permite grabar en formato 16:9, ni siquiera en 17:9 DCI.
Sorprende también la ausencia de soporte para grabar con objetivos anamórficos, algo que personalmente pensamos que encajaría perfectamente con está cámara. También hubiera estado bien la posibilidad grabar en discos SSD externos a través de la conexión USB-C, sobre todo teniendo en cuenta el tamaño de los archivos RAW de la cámara.

Todas estas ausencias se ven con menos recelo gracias al precio de la Nikon ZR, que cuesta 2400 euros, una cifra realmente competitiva para todo lo que ofrece. El problema es que no queda muy claro a quién va dirigida esta cámara.
Su principal valor es, sin duda, el poder acceder al flujo de trabajo y a la ciencia de color de RED en un cuerpo muy pequeño y ligero. Perfecto para usar como segunda cámara en un rodaje con otras cámaras del punto rojo.
Pero si no vas a grabar en RAW lo cierto es que hay otras cámaras en el mercado que son más equilibradas y versátiles que esta Nikon ZR. Y ahí es donde realmente la cámara tiene una gran competencia, empezando por la propia Nikon Z6 III, que también es una estupenda cámara de fotos.










No es fácil olvidarse de que no tiene visor; por muy buena que sea la pantalla muchos tendríamos que ponernos las gafas para verla y además mirando a un lateral de la cámara…
¿En qué diablos están pensando en Nikon para sacar dos modelos de igual diseño «telemétrico» (es decir: sin joroba) y ambas SIN VISOR? ¿Acaso no somos legión los aficionados con problemas visuales que nos dificultan o impiden el uso exclusivo de la pantallita?