En los últimos años gran parte de los nuevos objetivos son versiones para cámaras sin espejo de ópticas que ya existían en el universo réflex. Mejoradas, aligeradas, con mejor enfoque pero sin salirse demasiado de las focales y luminosidades que llevamos décadas viendo. Pero de vez en cuando algún fabricante se anima con propuestas diferentes. Una de las más sonadas últimamente ha sido el Canon 24-105 mm f2.8 que aumentaba la luminosidad de este clásico y, además, apostaba fuerte por el vídeo.
Estaba cantado que alguien seguiría sus pasos y Sigma no ha tardado en poner sobre la mesa su propia versión de este zoom, con una propuesta algo más modesta en alcance pero mucho más asequible y notablemente más compacta y ligera. El resultado es el nuevo Sigma 28-105 mm f2.8 DG DN Art que se acaba de presentar y que llega en versión para Sony y cámaras con bayoneta L.

La propuesta es bastante clara: renunciar a algo de angular y tener a cambio un zoom muy polivalente y luminoso que cuesta 1650 euros. La fotografía de viaje, con la comodidad que supone llevar un sólo objetivo, es uno de sus usos más evidentes, así que lo hemos montado en una Sony A1 y nos lo hemos llevado de paseo para poder volver con una amplia galería de fotos de muestra y, además, descubrir si merece o no la pena.
Sigma 28-105 mm, 990 gramos de zoom
No es pequeño, cierto. Pero es imposible que no lo parezca al pensar en el citado zoom de Canon. Pesa 990 gramos y tiene un excelente equilibrio entre lo que ofrece y sus dimensiones y peso. Justo en el límite de lo que podemos estar dispuestos a llevar todo el día encima sin que de demasiada pereza.


La construcción responde a lo clásico en las ópticas Art, con buenos acabados, cierto nivel de sellado, bloqueo del zoom con liberación rápido, anillo de diafragma con opción de declick y un par de botones ajustables.

Por completar el rápido repaso a sus especificaciones, la rosca frontal es de 82 milímetros, la distancia mínima de enfoque es de 40 centímetros en la focal más larga, lo que da una ampliación de algo más de 1:3, y carece de estabilizador de imagen.
Es verdad que muy posiblemente lo tengamos en el cuerpo de cámara que usemos, pero es un dato a tener en cuenta porque tanto el Canon 24-015 mm f2.8 como el Sony 24-105 mm f4 cuentan con estabilizador de imagen.
Enfoque y calidad de imagen
La denominación Art suele ser una buena pista y los resultados confirman que el 28-105 mm f2.8 de Sigma es capaz de ofrecer una calidad notable. Disparando a máxima apertura ya tenemos un gran nivel de detalle y nitidez y aunque mejora algo, sobre todo en las esquinas al cerrar el diafragma, es perfectamente utilizable a máxima apertura.
Sí que nos hemos encontrado con un viñeteado marcado en los dos extremos del zoom, muy evidente a f2.8, visible todavía a f4 y que sólo queda resuelto a f5.6. Nada que no podamos resolver fácilmente al editar las fotos si nos molesta, pero ahí está.
También hay algo de distorsión en ambos extremos, pero las noticias son mejores si hablamos de aberraciones cromáticas o de reflejos, temas que parecen muy bien resueltos en esta óptica.
El zoom utiliza un diagrama de 12 palas que proporciona un desenfoque muy bonito. Porque más allá de los usos más evidentes para foto de viajes o de naturaleza, desde Sigma recuerdan que tenemos entre manos una óptica que incluye un 85 y un 105 mm f2.8, con lo que no es una locura pensar en él como una buena opción de retrato.

Al final la clave está en la polivalencia de sus usos y, de hecho, la distancia mínima de enfoque relativamente corta resulta interesante también para foto de producto o de gastronomía si combinamos la focal más larga con la apertura de f2.8.
Respecto al enfoque, ninguna queja. Sí que tenemos la sensación que, igual que ocurre con otras ópticas de terceros, el arranque del enfoque en las cámaras de Sony es algo más lento que con las propias. Pero salvo este pequeño detalle, ha mostrado no tener problemas en entenderse con los algoritmos de detección y seguimiento o de seguir el ritmo al disparar ráfagas.
Renunciar al angular
Todo perfecto, excepto por lo obvio: hay que renunciar al angular de 24 milímetros y aprender a vivir con los 28 milímetros como focal más corta. Al final de eso se trata, porque eliminar las que, sin duda, son las focales ópticamente más complejas le permite a Sigma crear un zoom más compacto y económico. Ya lo hemos visto con los 28-70 milímetros f2.8 y ahora la idea se traslada a este zoom más amplio.

Son sólo 4 milímetros y es verdad que en muchas situaciones se puede resolver dando simplemente un paso atrás. Pero no se trata sólo de eso, sino que el punto de vista algo más amplio de un 28 milímetros puede resultar indispensable para algunos trabajos. O, por lo menos, a eso nos hemos acostumbrado y no es fácil renunciar a ello.
Porque al final de esto va esta decisión. La opción de Canon además de ser más voluminosa y costar más del doble queda restringida a su sistema. Este Sigma 28-105 mm f2.8 se inspira en la idea, pero no compite con él. Y nada parece indicar que Canon vaya a permitir a Sigma sacar una versión con bayoneta RF a corto plazo.
¿Estará trabajando ya Sony en algo parecido? Parece lógico, pero lo cierto es que no hay por ahora ni siquiera pistas al respecto, así que tampoco parece algo que vaya a ocurrir en breve. Que su 24-105 mm f4 tenga más de 6 años sí invita a pensar en una renovación, pero habrá que ver cuándo y cómo se produce.

Total, que la propuesta de Sigma es ahora mismo única por esa combinación de cobertura y luminosidad. ¿Es mejor que el Sony 24-105 mm f4 que cuesta 1000 euros o menos y que además tiene estabilizador? Dependerá de cuánto necesitemos ese 24 milímetros angular o ese f2.8 de apertura, así de sencillo.
El caso es que por precio, tamaño, rendimiento y enfoque, el objetivo de Sigma nos parece una propuesta que puede resultar muy interesante para muchos usuarios. Y, por cierto, si necesitamos sí o sí un 24 mm, Sigma tiene un f2 por unos 600 euros lo que resolvería ese supuesto problema.























