Una maravilla o un ladrillo. No hay término medio. Hace unos días que se anunció pero ya ha quedado claro que la Sigma BF es uno de esos modelos que no deja indiferente a nadie y que no admite grises: o te parece la cámara más bonita y genial desarrollada nunca o consideras que es un engendro con muy poco recorrido y donde el diseño y la apariencia se ha colocado por delante de criterios más importantes.
Hemos pasado unos días con ella por Japón para poder ayudar a elegir bando entre quienes no entienden de qué va el hype y quienes están a punto de reservar una. Sus puntos fuertes y debilidades de diseño, lo que echamos de menos y lo que está en su sitio, el enfoque, la calidad de imagen, el vídeo…
¿Es una Panasonic Lumix S9 de lujo? ¿Un rival para la Leica Q3? ¿Simplemente la full frame pequeña que la Sigma FP siempre quiso ser? Efectivamente, tenemos muchas preguntas y en este vídeo vamos a tratar de resolverlas mientras fotografiamos los paisajes nevados de Japón.
Más diseño que ergonomía
El gusto de Sigma por hacer cámaras diferentes no es nada nuevo. Sólo hay que tirar de hemeroteca y recordar las DP Quattro para entenderlo. En aquel caso, eso sí, el ejercicio de diseño venía acompañado de una ergonomía incuestionable. En la Sigma BF no queda tan claro, como ya vimos en nuestro primer contacto con esta cámara.

Lo cierto es que el agarre es mejor de lo que podría parecer a primera vista y que incluso tras unas horas con ella en las manos no resulta incómoda. ¿Ayudaría una empuñadura? Sin duda. ¿Rompería ese diseño de líneas tan limpias? Tambien. A la espera de ver si alguien se anima a desarrollar una y cómo le sienta, la aparente falta de modularidad es uno de los problemas de esta BF.

Al contrario de la Sigma FP, aquí parece haber muy poco margen para añadir una empuñadura bien integrada o un visor, otra de las carencias de esta cámara. Tampoco es una sorpresa en Sigma, pero confesamos que nos pasamos las primeras horas llevándonos la cámara a la cara en busca de un visor que no existe. Y que igual no usaríamos si estuviera, cierto.
Pero la verdad es que las condiciones de luz y la nieve parecían el entorno perfecto para echarlo de menos. La pantalla se defiende en cuanto a visibilidad, pero hay momentos en los que sencillamente no es suficiente incluso subiéndole el brillo al máximo.

Y, hablando de ausencias, la falta de una zapata y, suponemos, de cualquier opción de conectarle un flash también tiene que figurar entre los puntos negativos. Igual que el cuerpo sin estabilización que vuelve a dejar claro que aquí tamaño y diseño han primado sobre otros criterios.

El resultado es un cuerpo de aspecto y acabados premium. Eso sí, esas esquinas tan afiladas y ese cuerpo metálico obligan a preguntarse en voz alta cómo resistirá, al menos estéticamente, una caída. De hecho, pese a que a la hora de elegir nos lanzamos de cabeza hacia la metálica, cada vez miramos con más cariño la versión negra.
Poco mandos, muchos filtros
Si la ergonomía es uno de los puntos más delicados de esta cámara, el manejo y el minimalismo en cuanto a los mandos es otro tema a tratar. Hay sólo cinco botones, incluyendo el disparador. Parece complicado, casi imposible, manejar una cámara actual así, pero lo cierto es que superadas las primeras hora de cierta incertidumbre, no es difícil hacerse con la cámara y entender su propuesta de manejo.

La idea no es nueva: dejarse de menús interminables y centrarse en la fotografía. De hecho, una vez que se le ha pillado el truco, es posible manejar todos los parámetros de la toma sin pasar por la pantalla principal, simplemente apoyados en el pequeño monitor secundario.
El sistema es el habitual en las cámaras de filosofía clásica: la apertura se controla desde la óptica, la velocidad en el cuerpo de la cámara y combinando sus opciones automáticas y manuales podemos trabajar en los diferentes modos porque, por supuesto, no hay nada parecido a un dial de modos.
Aunque cuesta un poco acostumbrarse, hay que reconocer que tiene mérito replantear casi desde cero cómo tienen que ser los menús y manejo de una cámara y conseguir que sea algo suficientemente cómodo y fluido como para que, entendida su particular lógica, de la sensación de que todo está en su sitio.

Otra particularidad es que no hay ranura para tarjetas de memoria porque la cámara cuenta con una memoria interna de más de 200 GB, más que suficiente para trabajar sin problemas de espacio. La conexión USB C, por cierto, no sólo sirve para cargar la batería -de autonomía un tanto justa- sino que también nos va a permitir descargar las fotos de forma muy sencilla tanto al ordenador como a un móvil o iPad.
Frente a esa escasez de mandos, sorprende la generosidad de filtros de color que ofrece la Sigma BF. Una tendencia que ya hemos visto en otras marcas y que este modelo adopta con opciones realmente bien conseguidas y que, de nuevo, encajan muy bien con una cámara en la que la idea de disparar y obtener un JPEG listo parece más lógica que andar pensando en descargar y editar el RAW. O editarlo en la propia cámara que, por cierto, también se puede.
Velocidad y calidad de imagen
Más allá de sus peculiaridades de diseño y manejo, la Sigma BF sorprende para bien por su agilidad en el encendido, disparo y, sobre todo, el enfoque. Era uno de los puntos débiles de las Sigma FP y aquí se han hecho los deberes con un procesador notablemente más ágil, capaz de poner la cámara en marcha al momento y conseguir un sistema de detección y seguimiento del enfoque que funciona muy bien.

No es ni pretende ser la más rápida del mercado, pero contar con un autofoco capaz y que se defiende de forma correcta es un gran punto a favor de esta Sigma BF que, por cierto, es capaz de llegar hasta las 8 fotos por segundo.
Sobre la calidad de imagen, lo cierto es que no hay mucho que decir teniendo en cuenta que dentro de la Sigma BF nos encontramos el mismo sensor que la Panasonic Lumix S9 o la S5 II. Los resultados son excelentes y con las ópticas I Series de Sigma conforman una buena pareja, no sólo en cuanto a diseño, sino también en la relación de calidad y tamaño del conjunto.
La Sigma BF también graba vídeo, algo que era de esperar si damos por válido que dentro de la cámara está muy probablemente en el mismo sensor que el de la Panasonic S5 IIx. La cámara permite grabar en 6K (6016 x 3384) y en 4K UHD a 24, 25 y 30p, y llegar hasta los 120p en Full HD. La calidad es tan buena como cabría esperar de ese sensor, el AF funciona razonablemente bien, e incluso tenemos un modo de grabación en Log, algo que curiosamente no existe en la Sigma fp.
Y ahora viene el gran pero. No tenemos estabilizador en el cuerpo, solo uno digital con un rendimiento de mínimos, no hay entrada para micrófono, no hay pantalla abatible ni tampoco un HDMI para poner un monitor externo, la ergonomía en general no es la más adecuada para hacer tomas de vídeo sostenidas…

En definitiva, no es una cámara donde el vídeo tenga un papel destacado. Pero aun así, puede ser una herramienta interesante para grabar algunos clips o vídeo casuales, más aún si echamos mano de los filtros creativos.
Más que un bicho raro
Como ya hemos explicado muchas veces -algunas de ellas precisamente hablando de cámaras Sigma- en Photolari siempre estamos a favor de las cámaras que proponen cosas distintas. Y en un momento en el que parece que la única alternativa es recurrir al diseño retro, el movimiento de Sigma con esta BF es digno de aplaudir. La contención en el precio, por cierto, también. No diremos que 2350 euros es poco dinero, pero lo cierto es que la cámara podría haber perfectamente costado más estirando ese carácter exclusivo y distintivo que tiene.
Pero quedarse simplemente con esta estampa de la rareza sería injusto para una cámara que es mucho más que eso. De hecho, es una alternativa a tener muy en cuenta para quienes buscan una full frame pequeña, bonita, capaz y de precio competitivo para llevar a todas partes. Con esa idea nace, consiguiendo afinar mucho mejor el concepto que la Sigma FP y dejando el vídeo en un segundo plano.
Las concesiones al diseño tal vez sean demasiadas. Y hay ausencias como el visor, la zapata o el estabilizador que lastran su competitividad en el escaparate al enfrentarla a la posible competencia. Algo nada fácil, porque lo mismo puede considerarse una alternativa muy interesante y lógica a la Leica Q3 o a la Fujfilm X100 VI que compararla con la Lumix S9.

Las dos primeras, por cierto, nos hacen lamentar que Sigma no haya recuperado su tradición de compactas con esta BF, aunque se entiende que es una marca de ópticas que, sorpresa, también quiere vender objetivos. Una lamento al que habría que sumar otro de parte de los fans de los sensores Foveon, sin duda el complemento perfecto para una cámara como esta, parece que ese proyecto cada vez queda más lejos en los planes de la compañía.
En definitiva, una de las novedades del año y de las más interesantes que probamos en bastante tiempo. Y, sobre todo, capaz de plasmar la filosofía con la que Sigma la presentó: una cámara para disfrutar.

























Ya soy mayor para estas excentricidades de diseño y otras chorradas. Necesito un visor, sí o sí, y una pantalla móvil. Y no quiero «lucir» cámara sino tener un buen recurso para la fotografía.
¡A otro perro con ese hueso, Sigma!
Con ese Sigma 35mm f/2 es bastante más grande y pesada que una Fuji X100. Por otra parte, es FF y cuesta mucho menos que la Leica Q3. Tendrá su público.
NO. Rotundamenete NO. Cámara solo de «postureo» pero muy poco profesional…NO TIENE instrumentos básicos para cualquier fotógrafo profesional o avanzado. En mi opinión, MUY DESACONSEJABLE. Dinerito mal invertido si se adquiere y lo que se desea es disfrutar de la fotografía en toda su extensión. Bien por la crítica de PHOTOLARI en esta ocasión. Intentan ser equilibrados y objetivos. Ellos exponen…los usuarios con esa info deciden. Para mí es un NO.
Además,,,se me olvidaba…¿menos es más?…creo que en fotografía esto no funciona. En foto…MÁS es siempre MÁS.
Por mucho que sea Sigma, hay un par de cosas que directamente me resultan un chiste (de mal gusto).
La primera, la ausencia mal intencionada de visor y Segundo, el precio.
Sobre el precio, decir que de un tiempo a esta parte, observo que para Photolari, 2.000€ son moco de pavo.
Me resulta curioso siendo que nuestro país, nunca ha destacado, ni destaca, ni destacará jamás de los jamases por el nivel general de sueldos que a dia de hoy, vienen a ser la mitad de lo que vale este trasto.
Hola,
2450 es mucho dinero. Pero en Photolari analizamos las cámaras dentro de su segmento/competencia. En este caso es complicado, pero si pensamos en segmento premium (al que apunta) es un precio muy competitivo. Eso es lo que explicamos, no que sea barata o cara.
Saludos!
Apareciendo ahora la Fujifilm GFX100RF por 5500 euros, esta Sigma gana muchas papeletas. Y además la encuentro más bonita y «única».