Es el angular más extremo de su catálogo. También su primer zoom ojo de pez, así que hay motivos de sobra para que el nuevo Sony 8-14 mm f3.5 G llame la atención. Es cierto que ya había ópticas con cobertura similar para el sistema, pero no con enfoque automático ni con el tamaño tan reducido que tiene este zoom.
La peculiaridad de este ojo de pez es que ese ángulo de visión de 180 grados lo ofrece en dos versiones. A 8 milímetros es un ojo de pez circular y a 14 mm se convierte en un ojo de pez diagonal, es decir, que genera imágenes rectas. Una idea que ya hemos visto, por ejemplo, en el Canon 7-14 mm f2.8 RF.
¿Y qué pasa con las focales intermedias? En este caso la imagen aparecerá recortada en ese camino entre el círculo perfecto de 8 milímetros y la imagen plana de 14 milímetros. Por tanto, hará falta editar las fotografías si se quieren utilizar, aunque en realidad la óptica está más pensada para trabajar en ambos extremos.

Al menos en formato completo, claro. Porque si montamos el zoom en una cámara APS-C o bien activa vamos este recorte, el objetivo se convierte en un ojo de pez diagonal con cobertura de 180 grados a partir de los 10 mm. En el propio dial de la cámara aparece una marca para esta posición.

Todo ello en un tamaño muy compacto y un peso de menos de 300 gramos. Y sin renunciar al anillo de diafragmas, un anillo de zoom muy cómodo, uno de enfoque más pequeño, botón de bloque de la exposición e interruptor para el modo de enfoque y también bloquearlo. El objetivo, por cierto, también es sellado.
Incluye un parasol de pétalos extraible que, aunque pueda parecer un detalle tonto y evidente, habrá que quitar al trabajar a 8 milímetros si no queremos que sea parte de la imagen o que parezca recortada. Y, hablando de recortes, hay que tener en cuenta que en vídeo, el formato 16:9 también hace que el círculo no sea perfecto en 8 mm.
Aunque en un angular extremo como éste siempre se presuponen ciertos sacrificios en la calidad y el rendimiento, la verdad es que el enfoque automático ha resultado ser realmente ágil, nada que envidiar a cualquier otra óptica de Sony.
Probado junto a la excelente y exigente Sony A1 II, los resultados también sorprenden para bien en cuanto a su capacidad de resolver las esquinas de forma solvente, controlar los reflejos y aberraciones, e incluso conseguir que la deformación que se produce con esta cobertura y que es parte del carácter de estas imágenes esté dentro de lo tolerable y de lugar a fotografías perfectamente utilizables.
Con un precio de unos 1700 euros, la pregunta que siempre cabe hacerse con este tipo de ópticas tan extremas es su utilidad real. Esa perspectiva tan marcada hace que las fotografías resultantes sean muy llamativas, pero de esas que es mejor usar con moderación porque pueden llegar a saturar pronto.
La fotografía y vídeo de deportes de acción, la fotografía de interiores y arquitectura y su uso puntual en eventos o incluso documental se perfilan como los ámbitos en los que este singular zoom ojo de pez puede ser más útil.






















