
El notable éxito de la Kodak Charmera ha dejado claro que hay mercado para cámaras en las que la calidad de imagen es lo de menos. Pero siempre hay margen para llevar un poco más al extremo ese concepto del LoFi -tecnología de prestaciones muy limitadas- tal y como demuestra la nueva Pixless, una cámara que quiere convertir su mínima resolución en un argumento artístico.
Y es que, tal y como sugiere el nombre, aquí la gracia es que casi se pueden contar los píxeles. No es una manera de hablar, porque hablamos de un sensor de 0,03 megapíxeles que genera archivos de 256 × 128 píxeles.


«Pixel-Art Photography», dicen los creadores de este invento, con mucho de experimento artístico y una buena dosis de carácter retro, buscando esa estética de las imágenes de videojuegos de hace décadas.
Puede parecer una tontería y seguramente lo sea, pero no hay que olvidar que en su momento la cámara de Game Boy (1998) y sus imágenes de 128 x 128 píxeles fueron una pequeña revolución.

Volviendo al presente y a esta Pixless Mark I, la cámara utiliza un objetivo equivalente a un 35 mm f1.2, un pequeño monitor OLED para los ajustes y está impresa en 3D. La cámara, por cierto, cuanta con conexión WiFi y puede controlarse desde el móvil sin necesidad de ninguna aplicación porque todo se maneja desde una interfaz web.
Tiene ranura para tarjetas MicroSD que además de para guardar las fotos -que imaginamos pesan muy poco- también permite cargar paletas de colores personalizadas para dar un toque propio a estos mosaicos de píxeles.
Aunque este experimento lleva casi un año en marcha, se supone que los primeros modelos estarán listos a lo largo de estos próximos meses. Quienes se animen a reservarla, ya pueden hacerlo por unos 80 dólares.











Es como volver a utilizar la cámara de la Game Boy!