Por Manel Soria y Oriol Alamany. Se avecinan nada menos que tres eclipses solares observables desde la península ibérica. Empezamos fuerte este agosto con un eclipse total, seguido por un nuevo eclipse total en el 2027 y uno anular en 2028. Exagerando un poco, podemos decir que todos los fotógrafos -y en especial los de naturaleza- tenemos la obligación moral de intentar fotografiar semejantes acontecimientos.
El sol, con o sin eclipse, es un sujeto enormemente interesante y fotografiarlo supone un reto técnico. No en vano, nos enfrentamos al contraluz más fuerte observable desde nuestro planeta. Vamos a explicar cómo podemos hacerlo, empezaremos por el sol y sus manchas, ya observadas por astrónomos chinos el 28 A.C, seguiremos con los eclipses parciales y después iremos al plato fuerte: el eclipse total.
Fotografía de manchas solares y eclipses parciales
El sol es enormemente luminoso, y, por tanto, peligroso. Ya nos previenen los mitos griegos, empezando por Ícaro, de los peligros que corremos si nos acercamos demasiado a nuestra estrella. Con alguna excepción, si apuntamos nuestra cámara al sol directamente sin protección ya podemos estar seguros de que vamos a quemar el diafragma, el sensor, o nuestros ojos.
Si alguien, quizás desde el terraplanismo, tiene dudas, que recuerde el simpático experimento que hacíamos en nuestra infancia quemando una hoja de papel con una lupa. No era necesario que la lente fuera demasiado grande para ver como el papel ardía en pocos segundos.

Para escépticos y morbosos, corre un vídeo donde se ve arder el obturador de una Leica, en unos pocos segundos de exposición directa al sol a través de un objetivo luminoso. Si queremos descartar por completo que esto mismo le suceda a nuestra retina, es muy buena idea usar una cámara mirrorless. Y, por descontado, es totalmente imprescindible un filtro solar.
Hay tres tipos de filtros solares.
- Una lámina profesional, como las que fabrica Baader. Es un equipo absolutamente certificado y económico (digamos unos 30 euros). Pero se vende sin ningún tipo de sistema de montaje y va a tocarnos construir un soporte fuerte y seguro para evitar accidentes. Repito: si la lámina se cae, es prácticamente seguro que nos cargamos por lo menos la cámara.
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Filtros para telescopios no certificados, de varias medidas, con unos tornillos que podremos usar para fijarlos con seguridad al parasol del objetivo. Podéis ver dos de ellos en la foto superior, de color plateado. Los hay de diversas marcas, y son económicos, aunque no ofrecen ni mucho menos el nivel de seguridad de la lámina Baader.
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Filtros roscados con degradado neutro 100000 (16.6 pasos) para teleobjetivos. Hemos probado dos de ellos, de las marcas Urth y KF, sin encontrar grandes diferencias entre ellos. Atención, los clásicos filtros ND100, apodados BigStopper y tan utilizados en la fotografía de paisaje de larga exposición, reducen la luz que entra al objetivo, pero no protegen en absoluto de las radiaciones perniciosas que emite el sol. No tengáis la tentación de usarlos.
Resuelto el problema del filtro, nos queda el de la distancia focal. El sol es pequeño visto desde la tierra. Con un teleobjetivo de 200 mm (siempre hablando del equivalente full frame), se va a ver muy pequeño. Para un primer plano vamos a necesitar por lo menos un 500 mm. Para daros una idea, en esta recuencia de fotos se ven los resultados de 600, 840, 1200 y 2000mm, sin recortar.

Idealmente, es necesario un 1000 mm o incluso más. No estamos hablando de equipos baratos. Si alguien ya dispone de un teleobjetivo largo de los que normalmente se usan para pájaros, como por ejemplo el Sony 200-600 o el Sigma 150-600, esta es una buena ocasión para usarlo, con el filtro solar y tal vez con un teleconversor x1.4 o x2.0.
Las fotos están tomadas a pulso, pero con estas focales, a pesar de los estabilizadores, no es mala idea usar un trípode para poder enfocar las imágenes tranquilamente. De todos modos, recordemos también que, a causa de la rotación de la Tierra, visto a través de un teleobjetivo de 1000 mm o más, el sol se mueve sorprendentemente deprisa. Se puede usar una montura ecuatorial como por ejemplo la Vixen Polarie, como se hace en astrofotografía, pero tal vez es complicarse demasiado la vida.

Una opción, si no disponéis de una focal tan larga y queréis comprar algo para un uso ocasional, son los teleobjetivos de espejo, catadriópticos o réflex. Son mucho más pequeños a igual distancia focal, y como no están en absoluto de moda, se pueden encontrar a buen precio de segunda mano.
Dos equipos recomendables son el Nikon 500 f8 o el Nikon 1000 f11. Debido a los grandes diámetros de estas ópticas, es conveniente usar el filtro para telescopios. Me gustaría decir que son igual de prácticos y nítidos que los teleobjetivos modernos, pero sería mentir porque son difíciles de enfocar y ópticamente algo peores.
Resuelto el equipo, nos quedan dos dificultades técnicas para hacer una buena foto del sol. En primer lugar, el enfoque. Con un objetivo moderno, el AF suele funcionar bien. No es mala idea usar enfoque puntual y dirigirlo al limbo del sol (límite del sol). En segundo lugar, la exposición. Recomendamos usar modo manual y estar pendientes del histograma. Al ser el sol relativamente pequeño, en cualquier modo automático la cámara va a tratar de sobreexponerlo y de este modo se verán además reflejos internos de la óptica.

Además, el sol tiene textura, manchas solares (no siempre) y no tiene una luminosidad uniforme. En efecto, al ser una bola de gas caliente, cuando miramos hacia los extremos del sol, nos llega una cantidad algo menor de energía.

Este fenómeno, conocido como oscurecimiento del limbo (limb darkening) es muy conocido y sería una pena no captarlo bien. Podéis ver dos tomas correctamente expuestas, con ajustes en Lightroom. La primera hecha con una OM1 II, el Zuiko 300 mm f4, conversor 2x (1200 mm equivalente) y filtro Urth ND100000 y la segunda (08) con una Sony A6400 y el Nikkor 1000 f11 (1500mm). Atención, por cierto, a las manchas del sensor. Merece la pena tenerlo bien limpio el día del eclipse, ya que a f11 van a salir todas.

Una vez entendido y practicado todo lo anterior, podremos fotografiar un eclipse parcial y las fases parciales antes y después de un eclipse total sin mayor problema. Los tiempos de exposición serán los mismos que para el sol sin eclipse. Hacemos énfasis en lo de practicar: no son fotos fáciles desde un punto de vista técnico. Es conveniente hacer pruebas con tiempo y tenerlo todo ensayado.
Fotografiando un eclipse total
Antes de preocuparnos de la técnica y equipo necesarios para fotografiar un eclipse total, es necesario estar seguros de que vamos a poder observarlo, ya que no va a ser visible en toda la península.
En este mapa interactivo del Observatorio Astronómico Nacional se pueden ver las zonas donde el eclipse va a ser total y su duración. Podemos tener la tentación de quedarnos por ejemplo en Barcelona o Madrid, donde va a ser del 99%, pero esto sería un error: la luz que emite el 1% restante del sol impide ver la corona solar.

Merece la pena desplazarse y tener en cuenta además que el sol va a estar bajo: debemos asegurarnos de que sea visible. En esta página del Instituto Geografico Nacional hay un calculador de sombras y podemos saber si desde un punto en concreto el sol va a ser o no visible durante el eclipse.

Aclarado este punto, vamos a suponer que estamos en el lugar adecuado en el momento preciso. Puesto que el sol va a estar bajo, dependiendo del lugar donde estemos y de las condiciones atmosféricas, podría darse el caso de que una vez montado el ND100000, resulte ser excesivamente oscuro, de modo que no será mala idea disponer también de un ND1000.
Fotografiaremos las fases parciales con el filtro solar, como hemos explicado antes, e iremos observando como la luna va tapando el sol y la sombra de la noche avanza a gran velocidad hacia nosotros hasta que llega el breve momento decisivo: un último destello, llamado el diamante.
La naturaleza parece detener el tiempo, la temperatura baja, el cielo se oscurece, los animales se inquietan como si estuvieran presenciando algo que no ha sido previsto por los dioses, algunas aves empiezan a cantar engañadas creyendo que ya ha llegado el crepúsculo.

¿Qué vamos a hacer en este momento sublime? Podemos elegir entre vivir o fotografiar. Hacer ambas cosas a la vez va a ser difícil. Pero si estáis leyendo esto, probablemente vais a preferir fotografiar el eclipse. Siempre nos quedará el del año 2028 para vivirlo.
En el momento culminante del eclipse se hace visible la fascinante corona solar, la parte más exterior de la atmósfera del sol, totalmente invisible durante el día al ser mucho menos brillante que el resto del sol. No podremos fotografiarla con el filtro solar: la exposición sería muy prolongada, de modo que deberemos quitarlo, y volver a colocarlo rápidamente cuando la luna vuelva a retirarse.
Es conveniente haber ensayado esto para poder hacerlo con rapidez y seguridad. Algunas marcas, como Kase, ofrecen un sistema para convertir un filtro convencional de rosca como el Urth o el KF en un filtro magnético. La habitual tarea de enroscar un filtro en ese momento de nerviosismo, puede convertirse en un problema.
Sin el filtro, el tiempo de exposición orientativo para la corona solar es de 1/125 a f5.6, ISO 800. Si sacamos cuentas y comparamos con las fotos del sol, esto son 23.6 pasos menos, unos 12 millones de veces menos luz que el sol. Se hace difícil imaginar otra escena con un cambio comparable en las condiciones de luz en tan pocos segundos.

Si os da tiempo y disponéis de una segunda cámara preparada, podéis intentar hacer una fotografía del paisaje donde os encontráis, con un objetivo de focal más corta, incluso un gran angular. Mientras la hagáis en el momento de eclipse total, no necesitareis filtro alguno.
Luego, poco a poco, la luna se va retirando, el día (o el ocaso en este eclipse del 2026) va retornando a la normalidad y nos recuerda nuestro humilde lugar como observadores y fotógrafos del cosmos.
Los eclipses son fenómenos poco frecuentes, incluso los parciales, que suelen obligarnos a grandes desplazamientos. Pero hay otro fenómeno solar, mucho más frecuente e igualmente interesante: el Rayo Verde. Dejamos para otro día un artículo sobre dónde, cómo y cuándo fotografiarlo.
Gracias a Casanova Foto por el préstamo de algunos de los equipos usados para este artículo.
Manel Soria (@frikosal) es profesor de Ingeniería Aeroespacial en la UPC y fotógrafo. Sus imágenes han sido publicadas en NASA APOD entre otros medios. Recientemente ha publicado su primer libro de ficción, «Insensats Ametllers».
Oriol Alamany es un fotógrafo profesional especializado en temas de naturaleza y viajes, que realiza reportajes sobre especies y espacios naturales amenazados, con frecuencia en zonas remotas del planeta. Ha publicado artículos en multitud de revistas y periódicos y es autor de una docena de libros. Entre ellos, “Fotografiar la naturaleza” que, en su momento, se convirtió en un referente para toda una generación de fotógrafos.









