Kodak se desdice y asegura que no hay amenaza de cierre

La compañía había dado la voz de alarma sobre sus cuentas y las dificultades para afrontar deudas pendientes.

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La bancarrota de Kodak en 2012 y aquella imagen de la demolición de parte de las instalaciones de la compañía en Rochester fueron el fin de una era fotográfica. La caída del gigante finalmente no significó la desaparición de la fotografía química como algunos presagiaban. De hecho, cuando en 2022 la empresa anunció la contratación de más personal para poder responder a la creciente demanda de película parecía que Eastman Kodak enfilaba un nuevo y prometedor futuro.

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Pero, como siempre, la realidad económica de este tipo de compañías tiene poco que ver con las apariencias del escaparate. De entrada, porque hay varias Kodak fruto de aquella bancarrota y la consiguiente división de la empresa. Pero, sobre todo, por las deudas que arrastra desde entonces.

El caso es que ni el resurgir de la película, ni los precios a los que se cotizan los rollos ni tampoco el hecho de que Eastman Kodak sea el único fabricante de película de 35 milímetros para cine parecen ser suficientes para que las cuentas salgan. La situación es tan delicada que, según informa la CNN, Kodak podría verse obligada a cesar su actividad. Otra vez, habría que añadir.

Ha sido la propia Kodak quien ha advertido a sus inversores de la compleja situación que atraviesa, señalando una deuda de 500 millones de dólares a la que tiene que hacer frente a corto plazo como su principal problema. Pese a ello, pocas horas después de que la noticia apareciera en medios de todo el mundo, en un comunicado la empresa ha negado la mayor y asegurado que tiene un plan para que las cuentas salgas y afrontar la deuda, sacrificando su propio plan de pensiones.

«Estas condiciones generan dudas sustanciales sobre la capacidad de la empresa para continuar como negocio en marcha», apuntaba la empresa en su momento. Algo que, la verdad, sonaba también a un grito de socorro pero que ahora desdice asegurando que en ningún caso se ha planteado el cierre ni hay amenaza de bancarrota.

De hecho, la mención expresa a que los aranceles de Trump no tienen nada que ver con esta situación podría ser interpretado como un guiño a La Casa Blanca para que no deje caer ahora uno de los símbolos de la industria estadounidense y del que, por cierto, dependen las producciones de Hollywood que siguen rodando en celuloide. Motivos más que suficientes para creer que Eastman Kodak conseguirá sobrevivir.

Algo que ahora la propia compañía certifica, asegurando que todo ha sido un malentendido y mostrándose optimista sobre su futuro.

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