Por Marck Wick (La cámara de Wetzlar). La fotografía ofrece numerosas oportunidades para descubrir la propia creatividad, probar cosas diferentes y experimentar. Ya sea fotografía callejera, de paisajes o de retratos, por nombrar sólo algunas especialidades.

Al ser traumatólogo tengo una actitud muy positiva para comunicarme con la gente, así que la fotografía de retrato me fascinó desde el principio. Siempre conoces gente nueva, intentas implementar tus ideas de manera conjunta con tus modelos y te alegras cuando funciona. Pero a veces también te frustras cuando las cosas no funcionan; eso es sólo parte del (a menudo doloroso) proceso de aprendizaje.

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¿Por qué Leica?

Siempre me gustaron las Leica M. La forma clásica, en la que todavía hoy se basan muchos modelos retro, el tacto, los objetivos son relativamente pequeños y compactos y, por supuesto, el mito.

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Foto: Marck Wick

Hace unos 10 años tuve la oportunidad de probar una M8.2 e inmediatamente me infecté con el virus Leica. Me llevó algo de tiempo acostumbrarme al telémetro, pero la diversión de hacer fotografías por sí sola valió la pena.

Pocos botones, pocos componentes electrónicos… sin florituras, sin menús complejos. Sólo apertura, rueda del tiempo de exposición, ISO y enfoque manual, nada más. Especialmente en estos días la verdad es que ya no existen cámaras malas y si eres sincero, no se puede saber casi nunca juzgando únicamente por las imágenes, qué foto fue tomada con qué cámara. Pero ya no disfruto haciendo fotos con ninguna otra.

Leica M y la fotografía de retrato

A primera vista, la Leica M no es ciertamente la primera opción para la fotografía de retratos, sino más bien un anacronismo en una época en la que se encuentran en el mercado cámaras modernas con sofisticados enfoques automáticos de detección de ojos y series de imágenes con ráfagas de hasta 120 imágenes por segundo.

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Foto: Marck Wick

Las tomas con secuencias de imágenes rápidas y modelos en rápido movimiento no son ciertamente el dominio de las M de Leica, pero si te involucras con una telemétrica, verás cómo se pueden lograr retratos preciosos con ellas. El porcentaje de error, o de fotos fallidas, puede ser un poco mayor al principio, pero una vez que te acostumbras al proceso, funciona de maravilla.

Preparándome para una sesión de retratos

Tan pronto como encuentro un modelo o una modelo adecuado, preparo un collage estratégico de imágenes, una cosa de esas que los anglosajones llaman “moodboard”.

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Foto: Marck Wick

Consta de unas 20 fotografías de muestra para que la modelo pueda prepararse para el estilo y tipo de fotografía que tengo en mente. Esto ahorra tiempo para hacer fotografías, evita malentendidos y aún deja tiempo para improvisar e implementar ideas espontáneas.

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Foto: Marck Wick

En la mayoría de los casos fotografío en color y en blanco y negro. El maquillaje es siempre natural y sutil, mientras que la ropa se elige con colores que combinen con el lugar en el que vamos a hacer las fotografías.

Leica M10-R

El día de la sesión comentamos tranquilamente el proceso, el outfit, buscamos la luz adecuada y luego nos ponemos manos a la obra. Las sesiones las hacemos casi siempre con luz natural.

No creo en las discusiones mejor/peor entre analógico y digital. Hay días en los que sólo hago fotografías puramente analógicas o puramente digitales, o incluso ambas. Depende de mi estado de ánimo y de la luz.

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Foto: Marck Wick

Cuanto mejores sean las condiciones de iluminación, más probabilidades habrá de que sea analógico. La línea de Leica de las M10 es ideal para mí, absolutamente fiables y que generan unos colores fantásticos directamente desde la cámara. La implementación del blanco y negro que hacen estas cámaras también produce resultados muy buenos con sólo unos pocos cambios en Lightroom.

Después de haber tenido una M10, cambié a la M10-D, que usé durante unos años y finalmente a la M10-R, que es la que utilizo actualmente. Una actualización a una M11 no me ofrecería ninguna ventaja en la práctica, así que me quedaré con lo que siempre se dice: «nunca cambiar un equipo ganador”, o “nunca intentes arreglar lo que funciona”.

Ahora fotografío principalmente con una M10-R, una M3 o una M-A y una distancia focal de 35mm o 50mm. De vez en cuando también con un 90mm, pero eso es ya raramente. Siempre me sorprende lo perfectamente que funciona hoy en día una M3 de los años 50.

Película y digital

Muchos fotógrafos de Leica que conozco disparan tanto en analógico como en digital. Especialmente en el Foro Leica Internacional todavía se pueden encontrar muchos amantes de la fotografía analógica. Y puede que seas crítico con Instagram, sin duda alguna, pero ahí  también puedes encontrar muy buenos fotógrafos que trabajan de forma puramente analógica.

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Foto: Marck Wick

Bajo la dirección de Adam Miller, que publica impresionantes fotografías callejeras e imágenes de gran formato, se formó el grupo Leica Film Friends con otros seis fotógrafos del Leica Forum. Independientemente de la marca de la cámara, fotógrafos de todo el mundo muestran sus fotografías analógicas, no importa el género, lo principal es la fotografía con película.

En todo caso, tampoco he tenido nunca ningún problema técnico con las Leicas digitales. Cuando estoy en movimiento, y si necesito ir rápido, de vez en cuando uso una Q2, que funciona muy bien para retratos a pesar de los 28 mm de longitud focal.

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Foto: Marck Wick

Una Leica M no es para movimientos  dinámicos en una sesión de retratos. La sesión es ideal con una modelo que sepa y pueda mantener la pose y no se mueva demasiado rápido.

Esto por sí solo crea una atmósfera muy relajada, el número de fotos no es tan alto como sucedería con una cámara disparando eme ráfagas. Hay más tiempo para intentar plasmar emociones en una foto o invertir en varios intentos hasta que el resultado de la imagen se ajuste a la idea original que tienes preconcebida.

Si estás pensando en utilizar una Leica M para retratos, sólo puedo animarte a que lo hagas. Personalmente sigo probando diferentes sistemas, pero ninguno me resulta más divertido que las M telemétricas. Y no se debe descuidar la diversión de la fotografía. Probablemente sea lo que siempre andamos buscando.


Este texto es una versión adaptada del original publicado en La Cámara de Wetzlar (LCDW), una revista digital gratuita sobre el universo Leica. Puedes acceder a ella a través de Club Wetzlar.

3 COMENTARIOS

  1. Como amante de «hacer la foto» ajustando todo a mano, entiendo perfectamente al autor del artículo.
    A partir de ahí, cuento un poco mi caso, no por afán de protagonismo, si no por dar otra visión que haga entender que lo importante es el proceso y no la marca.
    Yo tengo una colección de Zeiss de montura Contax-Yashica (28, 50, 85, 135, 180, 200, 300) de los años 70-80, totalmente manuales, de hierro, sin estabilizadores ni nada.
    Como profesional, por supuesto trabajo con la Canon R y la R6 y una buena colección de L (24, 50, 135, 17-35, 24-105, 70-200).

    Pues bien, acabo de llegar de mis vacaciones en las que he llevado exclusivamente el cuerpo de la R y 4 objetivos Zeiss (con el adaptador de C/Y a RF, vale 20 euros en vendedores que sabéis todos) con los que he disfrutado muchísimo haciendo las fotos que me gustan y como me gustan. Y al igual que el autor, enfoco a mano (gracias Focus Peaking), tengo que diafragmar a mano, elijo el ISO, elijo el WB… y hago fotos… para mí.

    Indudablemente, si es un trabajo pagado, me ayudo de las bondades del autofoco continuo con seguimiento al ojo y demás ventajas que nos aporta la electrónica y el software. Sría un poco necio negarlas.

    ¿Que puedo hacer un trabajo profesional con las ópticas Zeiss? Claro, lo he hecho muchos años.

    Mi conclusión y a dónde quería llegar: NO compro lo de que tenga que ser con Leica (ni con cualquier marca definida). Disfrutar de la fotografía meditada es válido con cualquier cámara, con cualquier marca.

    Que cueste un potosí, no es lo que hace que disfrutes de hacer la foto. Lo que te hace disfrutar es el hecho de decidir y realizar manualmente los ajustes.
    Imagino que es como al que le gusta hacer maquetas, al que le guste hacer punto, le guste pasear relajadamente por el pueblo o el que le guste correr por montaña.

    Supongo que es sentirse un artesano y crear tu propia obra; a mí me genera paz, orgullo, felicidad. A cada uno le gustará hacer las cosas como más placer le dé.

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