“Hay que cambiar primero la fotografía y luego a lo mejor podremos cambiar el mundo con ella” Cristina de Middel, presidenta de Magnum

No todos los días uno se sienta a charlar media hora con nada menos que la presidente de Magnum. Así que es normal llegar un poco nerviosos a nuestra cita con Cristina de Middel en la reciente edición de Fujikina Barcelona.

Pero, en realidad, lo de Magnum y tener delante a su jefa no es la única razón. Llevamos ya unos años intentando entrevistar a De Middel y nunca ha cuadrado. Incluso se rumorea que una vez llegamos tarde y que aquello no le hizo gracia. Esperemos que se le haya olvidado, porque la verdad es que hay mucho de lo que hablar.

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«Los más puristas creen que el mundo se puede cambiar con la fotografía, yo creo que hay que cambiar primero la fotografía y luego a lo mejor podremos cambiar el mundo con la fotografía», nos cuenta.

Y es que, pocas fotógrafas mejor que ella para hablar de nuevo y viejo documentalismo, de la relación entre verdad y fotografía o de la situación de la profesión y el papel que debería tener a día de hoy.

Pero también nos interesa saber su papel como presidenta de una agencia que para muchos -incluido el entrevistador- sigue siendo un mito del fotoperiodismo. «Para llegar a Magnum hay que obsesionarse, hacer muchas fotos que solo una persona obsesionada con una idea consigue», aconseja, por si alguien sueña con ello.

11 COMENTARIOS

  1. «Hay que cambiar la fotografía»… aún más?

    Confiesa que todavía queda en mágnum un 20% de documentalismo clásico. Eso hay que solucionarlo. Todavía queda trabajo por hacer: hay que darle una vuelta de tuerca más al asunto para que el 100% de lo que hace mágnum sea basura.

  2. «[mode ironic  = ON] Cuando me levanto por las mañanas lo primero que hago es abrir las ventanas, hacer una foto en blanco y negro y gritar: ESTO ES LA VERDAD! [mode ironic = OFF]»

    Un gesto que define perfectamente lo que es la deconstrucción de la tradición fotográfica que se alinea con la postmodernidad relativista y nihilista. Claro, cuando se renuncia a la verdad y se admite que fotografia y mentira son consustanciales, al afirmar con posterioridad que su único «valor» es el de ser «registro de la realidad» se admite que dicho registro es necesariamente mentiroso y no puede no serlo, y que por tanto no hay nada reprobable en dar cabida a todo tipo de arbitrariedades subjetivistas que poco o nada tiene ya que ver con esa realidad.

    Tal parece que la presidenta de magnun no se tiene muy trabajado el discurso y las vergüenzas y las contradicciones salen a la palestra en cuanto se le aprietan un poco las tuercas. Inconsistencias que no son patrimonio exclusivo de Cristina de Middel, sino de todo el Apparátchik que sustenta y fomenta dicho discurso.

    • Son las servidumbres que implican renunciar a la Verdad con mayúsculas, tanto en el terreno epistemológico, ético, estético, etc. Sin verdad queda sin sentido la veleidad de cambiar el mundo porque pretender hacer un mundo más justo en base al consenso de simples opiniones y no a un criterio objetivo de justicia conlleva justamente eso: una noción de «justicia» bajo la sospecha permanente de ser otra mentira subjetiva más al servicio de preferencias y caprichos particulares.

  3. Les fotos que he vist d’ella no m’han agradat, o no les he entès, però em trec el barret davant d’una persona que veig sincera, planera i molt intel·ligent, té les coses clares i les sap explicar. Un plaer d’entrevista.

    • No te sientas menoscabado por no entender este tipo de iconoclastia de baratillo. Paradojicamente, la democratización de la fotografía a nivel tecnológico ha conllevado una elitización a nivel ideológico. Lo que hace esta buena señora y otros, otras, otres de su misma condición postmoderna sólo lo entiende una reducida casta minoritaria. Digamos que este tipo de fotografía no está hecha para el consumo de masas que no han leído a Laclau o a Fontcuberta. Diriase que hacen fotografía guiados por una motivación puramente onanista para autosatisfacción y autocumplimiento de sus aspiraciones ideológicas que no pueden explicitarse de forma convencional y accesible para el común.

  4. Algo decepcionado por el hecho de que ante los continuos requerimientos del entrevistador, la mismísima presidenta de Magnum no haya sabido, podido o querido ofrecernos una definición concreta y precisa de eso que se da en llamar: «nuevo documentalismo». 

    Tal vez sea un novedoso producto de marketing, tal vez ni siquiera exista tal innovación y se reduzca únicamente a una revisión del pictorialismo del XIX pasado por el post-marxismo del XXI. Quién sabe si los nuevos documentalistas son o pretenden ser primero artistas (pese a haber renunciado a representar esa belleza en la que ya no creen) y subsidiariamente y de forma muy residual, periodistas.

    • La Belleza es una categoría trascendental, metafísica, pero la metafísica fue abolida por Nietzsche, alumno aventajado de Kant. Recordemos que la Verdad, el Bien y la Belleza emanan y fluyen desde el Creador a sus criaturas, pero éstas bajo el influjo de Marx las rechazan y abominan de ellas en tanto que categorias burguesas destinadas a fundamentar los privilegios de clase.

      La iconosefera postmo asume estos postulados y los viraliza en Red. Se renuncia a que las posto-imágenes estén al servicio del disfrute sensible, estético (de hecho apuesta por un acendrado feismo; véase a Lúa RibeirRibeira) y deliberadamente se pretende que no sean legibles desde el punto de vista inteligible sino a una exclusiva casta de «entendidos» que crean y manejan los códigos adecuados, de ahí la queja bastante extendida de que no se entiende bien lo que quieren decirnos estas imágenes. Hay un criptomensaje arcano destinado a ocultar precisamente su naturaleza ideológica y finalmente sectaria. Básicamente en eso consiste el «nuevo documentalismo».

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