Instax Wide Evo, la cámara digital e instantánea más completa (y cara) del mercado

Su diseño es de esos que llama la atención. ¿Qué es eso?, nos han preguntado unas cuantas veces al vernos disparar la nueva Instax Wide Evo. Efectivamente, no se parece en nada a las coloridas Intax del resto de la gama, e incluso se sale del diseño más clásico y retro visto en su hermana pequeña, la Instax Mini Evo.

Elegante, cuadrada y diferente, estamos ante la cámara híbrida (digital e instantánea) más completa del momento y, con un precio de 380 euros, también la más cara. Lo cierto es que de las Instax nos interesa más su vertiente sociológica y las razones de su imparable moda que las especificaciones o resultados.

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De hecho, no hemos probado muchas Instax porque aquí los datos técnicos, la calidad, la óptica y demás son casi secundarias… Lo importante es la experiencia de uso y esa magia de las instantáneas. Pero esta nueva Wide Evo nos ha llamado mucho la atención, así que hemos decidido salir de paseo con ella para contaros qué es lo más nos ha gustado y lo que menos nos convence.

Instax Wide Evo: digital e instantánea

La Wide Evo es la hermana mayor de la Mini Evo. Pese a los muchos modelos presentados en estos años, Fujifilm tenía un tanto abandonada la gama Wide, que usa el formato de copia más grande, hasta que el año pasado llegó la Wide 400.

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Ahora llega la versión híbrida. Es decir, una cámara digital con opciones para obtener copias en papel al momento. Hay gente que habla de una impresora, pero aquí es proceso químico con papel instantáneo. La copia, por cierto, sale a más o menos 1 euro.

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La Instax Wide Evo utiliza un sensor muy pequeño (1/2,3 de pulgada) y 16 megapíxeles. Pero, en realidad, sólo usa esta resolución si insertamos una tarjeta MicroSD en la cámara, porque si se trabaja con memoria interna las imágenes resultantes son de 5 megapíxeles. Por lo visto, suficiente para el tamaño de copia que produce.

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Otra novedad es la óptica, un pronunciado angular de 16 mm f2.4 pero que permite aplicar un recorte para emular un 28 milímetros. En este caso, de nuevo, el resultado serán fotos de 5 millones de puntos.

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La cámara cuenta con pantalla para encuadrar, enfocar -con detección de ojo incluida- y revisar las fotos para decidir cuáles merecen pasar a papel. Para ello, basta con girar la manivela situada en un lateral de la cámara y que imita el bobinado de un carrete. Un curioso guiño retro.

Filtros, efectos, intensidad…

Pero más allá de focales y megapíxeles, la clave en esta cámara está en la creatividad. Al menos eso es lo que dice la compañía que, siguiendo el guión de la Mini Evo, ofrece una lista casi infinita de posibles efectos.

No es una manera de hablar, porque esta Instax ofrece por un lado 10 filtros de color y por otro una decena de efectos ópticos, por llamarlos de algún modo. Cada uno tiene su propio mando dedicado -sin posibilidad de personalizar los controles- lo que ya nos sitúa en 100 posibles combinaciones creativas.

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Pero es que además este modelo estrena otras dos funciones. El anillo alrededor de la óptica permite ajustar la intensidad del efecto. Y, por si fuera poco, un botón en la parte superior permite incluir en la copia simulaciones de negativo. Que sí, que no tiene ningún sentido en una instantánea, pero es resultón, no nos pongamos ahora puristas.

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Algunos aplaudirán este torrente de posibilidades creativas, otros se sentirán un tanto estresados por tener que elegir entre tantas opciones. ¿Existe el peligro de que se nos escape la foto por estar pensando qué filtro o combinación de efectos nos gustaría? Sin duda. Igual por eso, aun a riesgo de llevarnos por delante la magia de la foto, tal vez se agradecería poder aplicar o cambiar los filtros una vez hecha la foto, algo que no hemos sido capaces de conseguir.

La Instax mayúscula

A estas alturas parece complicado decir algo nuevo de las Instax tras tanto años dominando y reinventado el mercado de la foto instantánea. Cuando todavía no se hablaba de la moda de la vuelta del carrete, las Instax ya estaban ahí porque nunca se fueron.

La Wide Evo se sitúa ahora en lo más alto del catálogo. Pero que nadie se equivoque: ni es ni pretende ser esa cámara instantánea para usuarios profesionales que algunos insisten que hace falta pero que, está claro, la marca no acaba de ver.

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Hay algún margen de control, podemos jugar con dos focales y las opciones creativas son infinitas, pero no tiene sentido hablar de esta Instax como una cámara profesional. De hecho, la calidad de imagen o de la copias sigue siendo un detalle casi secundario en un modelo como este que, por cierto, también puede servir para enviar fotos desde el móvil y obtener copias en papel.

Esta doble función de cámara e «impresora» -ya hemos dicho que no lo es, pero se entiende- explica en parte el elevado precio respecto a otros modelos. La Instax Wide sale por 150 euros, y la Wide Link por otro tanto, mientras que esta combina ambas funciones, con todo el citado plus de creatividad y efectos.

Hay que tener claro, eso sí, que del tamaño es mayor y tambien el precio por copia. Quienes busquen algo más compacto, con una filosofía parecida y se conformen con las fotos en formato Instax Mini, deberían echar un vistazo a la Mini Evo.

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