¿Tiene sentido llevarse una compacta de óptica retráctil al lugar con el polvo más fino del planeta? Gustavo Bravo, director de Jardín Remoto, el Metaverso de la Fotografía, viaja a los campamentos de refugiados saharauis y se encuentra con una historia inesperada. Esta es la crónica en primer persona de cómo la Ricoh GR IIIx HDF sufrió el desierto y dio forma al proyecto «Donde mueren los Mercedes».

Por Gustavo Bravo. Tengo muchas cámaras. Me encantan. Pero no es un tema de mero coleccionismo, sino de adaptación. Me gusta cambiar de herramienta según el proyecto porque cada equipo propicia una respuesta diferente en mí. Me obligan a trabajar de forma distinta, planteándome un reto personal: ¿seré capaz de sacar lo que busco con esto que tengo en las manos?

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El viaje a los campamentos de refugiados de Tinduf estaba programado desde hacía meses —acogemos a una niña saharaui en verano y queríamos visitarla— y llevaba tiempo dando vueltas al equipo.

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Sobre el papel, mi Olympus EM-1x con el Voigtlander 29mm f0.8 (sellada, robusta y amortizada, con objetivo sin electrónica) era la opción lógica. Pero su volumen y la «agresión» visual que supone para el retratado no me convencían. También barajé llevar mi Fuji X100V, pero seamos honestos: es una cámara que llama demasiado la atención. Y yo no quería eso.

Necesitaba algo polivalente pero invisible. Así que, aprovechando una bajada de precio considerable en noviembre, me hice con la Ricoh GR IIIx HDF y varios accesorios (teleconvertidor, flash, baterías…). Siempre fui escéptico con las GR por la falta de visor porque soy de los que compone con la cámara pegada al ojo. De hecho en su día tuve la Nikon Coolpix A, mismo concepto, y la terminé vendiendo por eso.

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Pero como profesor, siento la responsabilidad de probar equipos para asesorar a mis alumnos. Lo que no sabía es que esa cámara acabaría documentando un proyecto que ni siquiera tenía planeado.

El hallazgo: una flota de estrellas en la arena

Nada más aterrizar en el aeropuerto de Tinduf, mi sorpresa fue mayúscula. Nuestro convoy estaba formado por diez Mercedes Benz y una sola camioneta Toyota. Parecía un evento patrocinado. Ya en los campamentos, la omnipresencia de la marca alemana era total: casi el 80% de los vehículos eran viejos Mercedes.

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Foto: Gustavo Bravo

El contraste de ese coche, símbolo de lujo y estatus en Europa, rodando por la arena y siendo remendado una y otra vez en un campo de refugiados, olía a «tema fotográfico» por todas partes. Empecé a interesarme por el tema y a hacer preguntas y así nació, sobre la marcha, «Donde mueren los Mercedes». Y para documentarlo, la pequeña Ricoh fue la llave maestra.

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Foto: Gustavo Bravo

Pude entrar en talleres mecánicos pidiendo permiso, ayudado por mis escoltas saharauis. La cámara no intimidaba. Los mecánicos posaban orgullosos y yo podía acercarme a esos capós abiertos, con la estrella de tres puntas apuntando al cielo del desierto, sin romper la magia del momento.

La duda del HDF: cromados bajo el sol

El Highlight Diffusion Filter (HDF) se vende casi exclusivamente para fotografía nocturna, para conseguir ese halo en farolas y neones. Pero mi teoría —y ahora mi práctica— es que su valor real va mucho más allá.

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Foto: Gustavo Bravo

Decidí dejar el filtro activado todo el tiempo, también a plena luz del día. En el desierto, la luz es durísima y golpea los cromados de los Mercedes con violencia. Ahí es donde el HDF actúa como un game changer. Funciona casi como un reductor de rango dinámico orgánico: en lugar de quemarse sin más, los brillos especulares «florecen». Se crea una atmósfera densa, un look que recuerda a la diapositiva.

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Foto: Gustavo Bravo

No eché de menos el filtro ND (que se pierde en este modelo). Con el sol de invierno, a f5.6 o f8 e ISO 100, no necesité cerrar más.

La receta «Sáhara»

Para quienes os guste el «cacharreo» y queráis replicar este look de película positiva que usé en el reportaje y que mantengo gracias a que Lightroom ya reconoce los perfiles de cámara y los aplica a los archivos RAW, aquí tenéis mi configuración exacta:

Ajuste de imagen: Película positiva Saturación: +2 | Matiz: 0 Clave alta/baja: -1 Contraste: +3 (Brillo -1, Sombra -2) Nitidez: +2 | Claridad: +2 | Sombreado: -2 Rango dinámico: Corrección de brillos ON, Sombras OFF.

Miedo en la tormenta de arena

Llevar una óptica retráctil a la hamada, donde el polvo es talco en suspensión, suena a suicidio mecánico.

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Foto: Gustavo Bravo

Hubo un día en el que nos sorprendió una tormenta de arena brutal mientras íbamos en la caja de una camioneta. Yo encendía la cámara, disparaba y la guardaba en el bolsillo inmediatamente. Aun así, la Ricoh se rebozó.

Se llenó de polvo por las juntas. Al girar la ruleta trasera y los diales, empecé a sentir ese «carraspeo» arenoso que te congela la sangre. Pensé que no sobreviviría. Pero nunca dejó de funcionar. Al pasar la tormenta, soplé con fuerza y la mecánica se fue normalizando. Días después, el ruido desapareció. Ni un atasco, ni manchas en el sensor. Aguantó el maltrato.

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Foto: Gustavo Bravo

Eso sí: cámara siempre apagada en el bolsillo. El encendido es tan rápido que no merece la pena llevarla en standby, porque la batería vuela.

Vitaminando la compacta: retrato y flash

Pero la GR IIIx no fue solo una cámara de «aquí te pillo, aquí te mato». Junto a mi compañera Sandra Remón, llevábamos una idea pensada desde España: una serie de retratos formales a mujeres saharauis posando con sus melfas (telas) favoritas a modo de fondo o telón.

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Foto: Gustavo Bravo

Para este proyecto paralelo (que se expondrá este año en Vitoria-Gasteiz), transformé la compacta en un equipo de estudio. Usé el adaptador de teleobjetivo (GT-2), que convierte la óptica en un 75mm aproximadamente, y le monté un flash Pentax para rellenar sombras.

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Foto: Gustavo Bravo

De repente, la compacta de bolsillo demostró que tiene músculo profesional. Es cierto que tuvo un par de lapsus con el flash, en los que tuve que apagar y encender para que volviese a funcionar, pero mantener la calidad óptica y tener control de iluminación en un equipo que cabe en una riñonera es impagable.

El filtro HDF como herramienta creativa

La Ricoh GR IIIx HDF volvió llena de polvo por fuera, pero aparentemente sana por dentro. Me ha demostrado que el filtro HDF es una herramienta narrativa potente si sabes usarla a tu favor, y que el tamaño y la discreción, en fotografía documental, a veces importan más que los megapíxeles.

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Foto: Gustavo Bravo

Gracias a su invisibilidad, pude traerme a casa un proyecto que ni siquiera sabía que iba a fotografiar. No tengo ninguna relación comercial con Ricoh ni soy embajador de la marca. Y digo esto con total libertad, esta ha sido una prueba de fuego real con mi propio equipo, por lo que el análisis es 100% independiente y honesto.

Gustavo Bravo es periodista, fotógrafo documental y fundador de la escuela de fotografía Jardín Remoto, donde ejerce como profesor y director de proyectos. Su último trabajo, «Donde mueren los Mercedes», publicado recientemente en El País explora la simbiosis entre los refugiados saharauis y los viejos coches alemanes. Puedes ver el trabajo completo en su web.

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