Leica SL3-P: las claves de la nueva cámara híbrida y «Profesional» de la marca

Es la primera Leica SL que adopta la denominación P. Es uno de los posibles titulares de esta nueva sin espejo de formato completo que, con 44 megapíxeles y grabación 8K parece apuntar al mercado profesional que busca una cámara híbrida diferente y que está dispuesto a pagar los casi 6000 euros que cuesta.

Pero es imposible -al menos en Photolari- ver las especificaciones de esta SL3-P y no mencionar que está basada en la Panasonic Lumix S1R III. También que, incluso en el unboxing y mucho más con la cámara entre las manos, las diferencias son notables. No en los resultados y la hoja de prestaciones, evidentemente. Pero sí en el diseño, manejo e incluso filosofía. Y a estas alturas no hace falta explicar que en el caso de Leica la lista de características es sólo un detalle más en una ecuación mucho más compleja.

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Aclarados estos puntos, aquí de lo que se trata es de entender cómo se ubica este modelo dentro de la gama SL actual de Leica y, sobre todo, qué puede aportar al usuario respecto a la citada Lumix que sirve de base tecnológica.

P de «profesional»

Hacía tiempo que no teníamos una Leica SL entre manos y la verdad es que las sensaciones son magnificas. Más allá del imponente diseño, el excelente agarre, o la buena distribución de los mandos, la verdad es que los menús o el control táctil son de lo mejor del mercado.

Lo decimos cada vez que tenemos una Leica, pero no deja de sorprender que sea la marca más clásica del mercado la que haya conseguido superar a otras mucho más tecnológicas en este tipo de detalles.

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Pero, como decíamos, más allá de las diferencias de esa «P» en cuanto a la limpieza del frontal, el diseño es prácticamente idéntico a de las SL3 y SL3-S, así que no nos detendremos a enumerar cada detalle o cada botón. La idea es sencilla: una cámara que marca distancias respecto a cualquier otra en el mercado ya a simple vista y más entre las manos. Y lo consigue.

Lo que sí merece la pena es fijarse en las particularidades de esta primera P en la gama SL. Históricamente, Leica ha usado este denominación (P de «profesional») para ediciones especiales de modelos ya existentes, con cambios estéticos o pequeños detalles, pero sin cambios en las especificaciones.

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No es el caso, porque la SL3-P monta un sensor diferente al de sus compañeras de gama, que apuestan por 60 megapíxeles en el caso de la SL3 y de 24 para la SL3-S. Cambian con ello también las prestaciones de vídeo, la velocidad de disparo… Es decir, es un modelo totalmente diferente que se sitúa en el centro de este catálogo. La SL3 sería, por tanto, para alta resolución, la SL3-S para vídeo y esta SL3-P le arrebata el puesto como híbrida para foto y vídeo.

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En cualquier caso, otro detalle curioso. Normalmente las Leica de la gama P son algo más caras que el modelo estándar, pero en este caso los 5990 euros que cuesta la sitúan por debajo de la SL3.

44 MP y 40 fps

Si el sensor, sistema de enfoque y prestaciones son conocidas, no hace falta decir que el rendimiento también lo es. Así que ninguna sorpresa en cuanto a la calidad que ofrece ese captor de 44 megapíxeles, cuyo rango dinámico y rendimiento a altas sensibilidades está muy bien equilibrado con una resolución elevada.

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En todo caso, será la óptica que coloquemos lo que permita marcar diferencias más allá de los ajustes de color propios que propone Leica. Aunque en nuestro caso hemos usado el Summicron SL 35 mm f2, pero no es ningún secreto que muchos usuarios del sistema SL montan, adaptador mediante, ópticas Leica M y aprovechan así las ventajas del visor electrónico a la hora de enfocar a mano. Algo que, realmente, la nueva Leica M EV1 resuelve en cierto modo.

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Pero volviendo a la experiencia de uso de la cámara y sus resultados, pocas pegas que ponerle. El enfoque funciona muy bien y, de hecho, está bastante claro que estamos ante la Leica con el mejor AF del momento. Algo que da puntos a esta cámara si estamos pensando en escenas de acción.

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Para ello, los 40 fotogramas por segundo también suenan apetecibles. Pero hay letra pequeña. Bastante. De entrada, toca recordar que hablamos de obturación electrónica, porque la mecánica se conforma con 7 disparos por segundo. Se agradece -ojalá cunda el ejemplo- que en el propio menú de control de la ráfaga se indiquen las condiciones de cada opción y a lo que toca renunciar según la velocidad elegida.

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En cualquier caso, según hemos podido comprobar, a máxima velocidad el buffer apenas aguanta 70 disparos consecutivos, independientemente de si trabajamos en JPEG o RAW. Son muchas fotos, cierto, pero eso significa que la ráfaga a máxima potencia dura menos de dos segundos. La historia se repite bajando velocidad y, de hecho, si queremos estirar más la ráfaga es mejor pensar en velocidades alrededor de los 15 fotogramas por segundo.

La historia se repite si hablamos de vídeo, con unas prestaciones aparentemente iguales a las de la S1R II y que hacen de ésta cámara la Leica más potente para grabar vídeo que hay ahora mismo en el mercado.

La grabación en 8K en Open Gate con formato 3:2, el formato ProRes, el 4k 60p sobremuestreado y a 120p con line skipiing o la posibilidad de grabar directamente en discos SSD son algunas de las funciones más destacadas de esta SL3-P en el terreno del vídeo.

El sentido de las Leica SL

Todo esto nos lleva a la pregunta del millón y que trasciende de este modelo en concreto y afecta a todas las SL. ¿Qué sentido tiene en el mercado actual y pensando en el uso profesional esta cámara?

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Para responder, hay que recordar algo que ya hemos dicho hablando de otros equipos y marcas: con una cámara como esta no vas a hacer mejores fotos, pero hay más posibilidades de que puedas cobrar más caras esas fotos. O que acabes haciendo fotos más fácilmente en algunos lugares o para algunas marcas que saben lo que es Leica y lo que representa. Guste o no, es así.

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¿Tiene sentido invertir casi 6000 euros en el cuerpo de esta cámara? La experiencia nos hace suponer que quienes realmente están planteándose comprar una Leica SL quieren eso, una Leica, con lo que la Lumix S1R II no es una alternativa viable por mucho que pueda parecerlo.

Si se dispone del presupuesto y la idea es trabajar con ella -no darse un capricho, que también puede ser- sólo toca preguntarse si con esta cámara como equipo profesional las cuentas saldrán y se podrá amortizar.

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