Por Manel Soria. La fotografía es una cosa muy seria. ¿A qué se debe la necesidad imperiosa de capturar esa luz mágica a última hora de la tarde, o esa escena increíble que se nos presenta inesperadamente? Tal vez sea porque la fotografía nos proporciona la ilusión de poder detener el tiempo. De cuando yo era un niño, recuerdo a mi abuela con las gafas de cerca revisando las fotos borrosas de sus familiares, guardadas en una caja de hojalata, como si de esa manera pudiera revivirlos. Ahora ella ya no es más que otro recuerdo en mi archivo digital y en unos álbumes que mandé imprimir.
De modo que a algunos de nosotros nos hace falta tener una cámara siempre a mano. Llevarla nos hace ver el mundo de otra manera, mirar mejor. «El teléfono, para eso ya tenemos el teléfono», me diréis. Si, es cierto, siempre llevamos un teléfono, que funciona muy bien y nos permite compartir las imágenes al instante. Pero, al menos para mí, no es lo mismo.

Una cámara, con sus botones y sus diales, nos permite concentrarnos en hacer fotos, sin que nos distraigan ni notificaciones ni redes sociales. Esperar unas horas, o unos días, antes de revisar y editar las imágenes en una pantalla grande, y sorprendernos al verlas.
Cometer nuestros propios errores disparando en manual y enfocando, en lugar de los que el teléfono insiste en cometer por nosotros. Dejar que nuestros dedos vayan solos a las ruedas de la exposición y del diafragma, como si la cámara fuera una prolongación de nuestra mente.
Imaginando la cámara ideal
¿Cómo debería ser esa cámara que llevaríamos siempre encima los enfermos de fotografía? Está claro que pequeña, casi diminuta, lo suficiente para caber en el bolsillo de la chaqueta o en el fondo de la bolsa que llevamos siempre. Por tanto, habrá que aceptar algún sacrificio en cuanto a calidad. También el 35mm en película fue en su momento una pérdida de calidad respecto a formatos mayores, no lo olvidemos.
Esta cámara ideal debería, por supuesto, poder hacer fotos en RAW, disparar en manual y tener un visor electrónico. El visor es importante: permite ver la escena con luz brillante, apuntar más rápidamente cuando usamos una focal larga y disparar con la cámara pegada al cuerpo para reducir las vibraciones cuando tenemos que apurar el tiempo de exposición. No vamos a estar usándolo siempre, pero cuando hace falta, yo quiero tenerlo.

Llevo años dándole vueltas a este tema. Una primera idea, cuando llegaron las mirrorless, fue elegir un modelo pequeño, con una óptica no muy grande. Compré la Fuji X100 cuando salió (2011), y me dio muchas alegrías. Cualquiera de la serie X100 sería una buena opción. Pero, en mi caso, aunque me encanta el 35mm, finalmente me di cuenta de que la focal fija para mí era una gran limitación. Y, puestos a pedir, una cámara para llevarla siempre encima podría ser más pequeña.
Años más tarde, un amigo con el mismo dilema compró una Sony RX100 VII (2019) que terminó por regalarme. Es una muy buena cámara, y muy pequeña, por el momento la última de la serie RX100, con un 24-200 mm equivalente en full frame. Hice muchas fotos con ella, pero también terminó por cansarme al no tener la posibilidad de cambiar la óptica.
Poder cambiar la óptica no significa necesariamente que vayamos a estar constantemente cambiándola, pero sí que va a permitir que cada usuario adapte la cámara a sus necesidades del momento. Ricoh, en la GRIV, propone un 28mm equivalente, que permite recortes digitales a 35mm y 50mm, pero esta solución no es extrapolable a un teleobjetivo, ni a un macro, ni a un angular extremo.

¿Existe alguna cámara realmente pequeña con objetivos cambiables? Si, está todo inventado. En 2011 Nikon lanzó la interesante serie 1, con un sensor pequeño, tal vez para no hacer la competencia a sus réflex. Seguramente se adelantaron a su tiempo y se dejaron de fabricar en 2018 al quedar atrapadas entre los teléfonos y las cámaras sin espejo con sensores mayores.
Pero las pequeñas Nikon 1 no son las cámaras más pequeñas con objetivos intercambiables. Ese honor, con permiso de las también minúsculas Pentax Q (2011), corresponde a las Panasonic Lumix GM1 (2013) y GM5 (2014), auténticas proezas del diseño.

Son cámaras orientadas a usuarios experimentados, con un cuerpo que apenas deja espacio para su montura micro cuatro tercios. Su tamaño minúsculo todavía tiene más mérito si pensamos en que su sensor es relativamente grande, bastante mayor que el de las citadas Nikon 1 y las Pentax Q.
Una cámara más cara que hace 12 años
La GM5, que me parece la más interesante de las dos, es apenas algo mayor que la GM1, pero incluye un visor electrónico y unos controles mejorados. Ambas pueden montar cualquier objetivo micro cuatro tercios, desde super teleobjetivos a angulares ultra muy luminosos y ópticas antiguas (con un adaptador), aunque lo más razonable es usarlas con ópticas pequeñas.
Parece claro que a día de hoy hay gente interesada en la GM5. De segunda mano, solamente el cuerpo ya cuesta más de lo que costaba nueva y con un objetivo, y una empresa francesa propone lanzar una versión actualizada con un aire premium estilo Leica. Pero ¿merece realmente la pena una GM5 en 2026? La duda me corroía por dentro, hasta que encontré una oferta que no pude rechazar ¿Me arrepentiré?. La he probado y tengo clara la respuesta tomando la RX100 VII como referencia.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que una cámara tan pequeña no puede tener la usabilidad de un modelo mayor: es sencillamente imposible disponer todos los controles necesarios. Nadie la elegiría para hacer fotos en un estudio, sus razones de ser son la portabilidad y la discreción.
Hay que aceptar que a veces vamos a perder fotos por no poder ajustar todos los parámetros a tiempo, fotos que con nuestra cámara “grande” hubieran sido fáciles. Si no estuviera en casa bien guardada. Aclarado esto, vamos por partes.
Muy pequeña, pero con visor
Primera sensación. Por más fotos que había visto, hasta que no tuve la GM5 en la mano no me di cuenta de lo pequeña que es. A pesar de eso, se puede sostener bastante bien, en parte gracias su acabado en símil piel, más práctico que la superficie lisa de la Sony RX100 VII. Se nota sólida, muy bien construida y muy ligera. Los controles son agradables de usar y dan ganas de salir a hacer fotos con ella. El mejor adjetivo que se me ocurre es “adorable”.

Se ha criticado mucho el visor de la GM5, y ciertamente es pequeño, claramente peor que el de la Sony RX100 vVII, pero no es tan malo como se ha dicho: cumple su función cuando nos hace falta y es el punto crucial de esta cámara. Si las Olympus PEN, por ejemplo, la E-PL8, tuvieran visor electrónico, serían una alternativa muy buena a la GM5.
Pero de las PEN, solamente la mítica PEN-F cuenta con visor electrónico. Esta cámara, más grande que la GM5, merece un review para ella sola. Recordemos que la confirmación de que OM prepara una nueva versión, publicada en exclusiva por Photolari, dio la vuelta al mundo hace poco.
La pantalla de la GM5, táctil, es más pequeña que la GM1 para dejar espacio al visor y no es orientable. Considerando el poco espacio disponible, y la fecha de lanzamiento de la cámara, es razonablemente buena. Pero, y esto hay que decirlo, ni pantalla ni visor nos van a permitir valorar las fotos con precisión, y al llegar a casa podremos llevarnos una decepción al ver que alguna se nos ha quedado algo fuera de foco.

Las GM cuentan con un obturador mecánico, que tuvo que ser rediseñado para lograr meterlo dentro del cuerpo. A pesar de sus limitaciones (solamente llega a 1/500 y sincroniza flash a 1/50), es silencioso, no provoca trepidación en la imagen, y nos va a ser muy útil cuando el electrónico de problemas de rolling shutter o con luz artificial. Remarco lo de silencioso: la Lumix GF5, que sería otra alternativa a la GM5, tiene un obturador tan ruidoso que puede despertar a los vecinos.
El enfoque es plenamente utilizable a pesar de ser de detección de contraste. Cuenta con varios modos y el punto de enfoque puede elegirse usando la pantalla como trackpad. Nada que objetar en este punto, si no esperamos más de la cuenta.
Disparando con la Lumix GM5
Respecto a los resultados, el sensor Micro Cuatro Tercios de la GM5, de 16 megapixeles, ya está claramente superado, tanto en ruido a ISO alto como en rango dinámico. Pero exponiendo cuidadosamente, podremos tirar a 1600 o 3200 o incluso más, sin demasiado problema. Las imágenes son algo mejores que las de la RX100 VII. Un reductor de ruido, por ejemplo el de Lightroom, nos va a ayudar.
Pero los controles y usabilidad era el punto que más miedo nos daba antes de probar la cámara. Panasonic lo tenía realmente difícil para lograr una cámara tan pequeña con una experiencia de usuario satisfactoria. ¿Lo ha logrado? En general, sí. Los controles son prácticos y están orientados a un usuario experimentado. Uno de los puntos delicados en las cámaras con pocos controles es el modo de exposición manual.

En la GM5 hay una sola rueda que permite controlar los dos ajustes, pasando de uno a otro mediante una pulsación. Uno se pregunta si realmente no es posible poner dos ruedas, una delante y otra detrás, pero la respuesta debe ser que esto no es tan fácil. El sistema de menús es razonable, parecido al de otras Lumix, aunque es una cámara complicada a la que deberemos adaptarnos. Para mi, la usabilidad es mejor que en una compacta de Sony.
Obviamente, en una cámara donde el espacio está ajustado al milímetro, la batería se nos va a quedar corta si vamos a darle un uso intenso. Hay que llevar por lo menos una de repuesto y es una buena idea tener un cargador doble para dejar las dos cargando durante la noche. Lo mismo que sucede con la Sony RX100 VII y tampoco es mayor problema. Lo que sí es un engorro, como en todas las cámaras digitales de esa época, es no poder cargarlas con un cable USB. Si vamos de viaje, esto nos obligará a llevar un cargador que a la que nos descuidemos, es mayor que la propia cámara.

La gama óptica es claramente el punto fuerte de esta cámara y el que justifica su elección. Podemos elegir entre una enorme variedad de objetivos Micro Cuatro Tercios, algunos muy económicas de segunda mano. Además, muchas de ellas han sido diseñadas pensando en la portabilidad extrema. No tendría ningún sentido una cámara como esta sin una buena colección de ópticas pequeñas.
Hay algunas específicas para esta cámara, como el Lumix 12-32 3.5-5.6 plegable, con estabilizador. Personalmente, tener que abrir cada vez el objetivo antes de usarlo me parece engorroso y me gusta más el 14-42 f3.5-5.6, menos elegante pero con despliegue automático. El Zuiko 17mm 1.8, el Panasonic Leica 9 mm 1.7 y el Zuiko 40-150 mm f4-5.6 son otras opciones muy interesantes. Para los aficionados al macro, el Zuiko 60 mm f2.8 es otro imprescindible que también podremos usar como tele corto con sus 120mm equivalentes.


Si nos ponemos más extremos, con un adaptador podemos usar ópticas tan exóticas como el mítico Nikkor 1000 f11, que se nos queda en un 2000 equivalente. Con un filtro solar nos sirve para fotografiar eclipses enfocando con el visor electrónico. ¿Es la cámara ideal para esto? No, en absoluto lo es, pero la GM5 superó la prueba.
Lo bueno y lo malo
Ésta es la cámara más pequeña del mundo con óptica intercambiable y visor electrónico. Al menos que yo sepa y en el momento de escribir esto. La Lumix GM5 es pequeña como una compacta, pero versátil como una cámara mucho más grande. ¿Se justifica su fama? En gran parte sí: es un producto muy especializado y está bien diseñada y construida. Para ciertos tipos de fotografía, como street, es sencillamente ideal, mucho más discreta que un teléfono.
Nadie toma en serio una cámara tan pequeña. Da miedo pensar lo que hubiera podido hacer Joan Colom en las calles de Barcelona con una GM5. Para otras cosas, dista mucho de ser ideal, pero como se suele decir, la mejor cámara es la que uno lleva encima, y en esto la GM5 es imbatible.

Ahora viene lo malo. En primer lugar, la GM5 es cara. Le ha ocurrido una de las peores cosas que le puede ocurrir a una cámara: convertirse en un objeto de colección. A la Olympus PEN F le ha sucedido lo mismo. Me temo que muchos de los compradores de una y otra no las van a usar.
Es una pena, las cámaras -si pudieran hablar- nos dirían que a ellas les gusta salir a disfrutar haciendo fotos. La GM5 es sólida y práctica, no se merece languidecer en ninguna vitrina ni en manos de un señor que la viste con correas de diseño.
Entonces, ¿merece la pena comprarla en 2026? Sin entrar en el precio, desde luego que sí: es un equipo que vamos a disfrutar mucho, si realmente queremos llevar una cámara siempre encima, y nos gusta probar ópticas y hacer inventos. Para personas más convencionales, una compacta será una opción mejor.

Y esto nos lleva a la pregunta final: ¿para cuándo una GM6? Porque tampoco podemos obviar que la tecnología ha avanzado mucho. Con un sensor moderno, estabilizador en el cuerpo y enfoque asistido por AI, sería mucho mejor. A ver si Panasonic nos escucha.
Porque muchos nos hemos dado cuenta de que los sensores grandes tienen muchas ventajas pero también sus inconvenientes, tal vez ha llegado el momento de volver a las cosas pequeñas. Cuando entro en un museo, o una catedral y veo a un esforzado aficionado cargando con ópticas full frame, o con su enorme Hasselblad XD2 II, visible a más de doscientos metros, sonrío interiormente. Yo era así, pienso mientras discretamente le hago una foto con la GM5.
Tarde o temprano regresará el concepto de la cámara liliputiense, con ópticas intercambiables y visor. Si no la hacen empresas japonesas, tal vez la harán las chinas.
Manel Soria (@frikosal) es profesor de Ingeniería Aeroespacial en la UPC y fotógrafo. Sus imágenes han sido publicadas en NASA APOD entre otros medios. Recientemente ha publicado su primer libro de ficción, «Insensats Ametllers».










Interesantes reflexiones Manel. Tengo una GM5 desde el dia que salió al mercado. Normalmente utilizo varias cámaras (FF, M4/3, 1″) pero en algún momento, siempre regreso a ella por el placer de utilizarla. Por supuesto que me encantaria ver realidad la actualización que propones y si, yo también la compraria en 2026.
Por cierto, hace ya años le añadí la pequeña empuñadura adhesiva de las Sony RX100 y mejora mucho el agarre y aún es mas agradable de utilizar.
un saludo
Gracias! Hiciste buena compra en su dia! A ver si la actualizan! Yo tengo mi RX100 con un grip, a que empuñadura adhesiva te refieres?
Por cierto, tu GM5 tiene una goma en el ocular? Creo que debería tenerla, yo ya he rallado unas gafas.
A ti.
No se como colocar (ni si se puede) fotos aquí. Puedes buscar «SONY Grip AG-R2B» es compatible con todas las RX100 (yo tengo una RX100 VII). Parece hecha a medida para la GM5 😉
Si, tiene un ocular de goma, supongo que puedes intentar encontrarlo por la web.
Una cámara M4/3 de hace 12 años por más de 500 euros. Cosas de los flipadillos yutuber…
Prefiero la Fuji X-HALF, que ahora ha bajado mucho de precio y la encuentras en Galaxy Andorra por 550 euros. Nueva y con garantía.