Si las cámaras compactas de formato completo ya son una autentica rareza en el mercado, incluir en la ecuación un sensor monocromático convierte a la nueva Leica Q3 Monochrom en una pieza única. Exactamente igual que su predecesora, la Q2 Monochrom, pero ahora con unas prestaciones puestas al día.
Aunque imaginamos la primera reacción, a estas alturas sorprenderse de que haya cámaras monocromáticas tampoco tiene mucho sentido porque los sensores sin filtro de color Bayer son casi tan antiguos como las cámaras digitales y, de hecho, la primera Leica M Monochrom se remonta a 2012. En Photolari, por cierto, siempre hemos defendido este tipo de rarezas y la valentía de las pocas marcas que se atreven a salirse de la norma.

Pero sí, es cierto que por precio, filosofía y ese blanco y negro, estamos ante una cámara de nicho. Así que salir de paseo con ella requiere tener muy claro que no se trata de una cámara más donde lo que cuentan son las especificaciones. Como decimos siempre que una Leica cae en nuestras manos, la experiencia de uso es clave. Y aquí pasa lo mismo.
Entre lo clásico y lo actual
Si cualquier Leica, exceptuando las SL, destila esa idea de fotografía clásica donde las prestaciones ocupan un lugar secundario, en la Q3 Monochrom el blanco y negro hace que esa idea quede reforzada. Por el discretísimo diseño -ni rastro de Leica o su logo rojo- por los contados mandos y por una propuesta de manejo que puede ser tan esencial como el usuario quiera.

No obstante, si algo llama la atención de una cámara como esta es la combinación de ese aire puro y clásico con opciones actuales. Es decir, es posible disparar, enfocar y trabajar en manual, pero también en modo totalmente automático, aprovechar su más que correcto enfoque automático con detección y seguimiento de personas, descargar perfiles desde la App del móvil, grabar vídeo en 8K…
En realidad no hay que elegir porque, tal y como ya dijimos cuando tuvimos una Leica Q3, las dos opciones están en la misma cámara. Pero reconocemos que cada vez que nos reencontramos con los menús táctiles de una Leica Q nos sorprende recordar que son, seguramente, los más limpios y eficaces del mercado.

Los componentes son los mismos que en la Q3 estándar, incluyendo la citada pantalla táctil y abatible y un visor electrónico de casi 6 millones de píxeles con el que es una maravilla trabajar. Y enfocar a mano, por cierto. Exigir a una cámara de más de 6000 euros las mejores piezas del mercado entra dentro de lo esperable, claro. Sí que sería de agradecer, por cierto, una memoria interna además de la ranura para tarjetas de memoria.
Más allá de los cambios externos y las prestaciones idénticas respecto a la Q3 -excepto el sensor, insistimos- es cierto que esta versión Monochrom inaugura en la gama Q la función de «credenciales de contenido» que ya hemos visto en otras sagas. Un guiño o un recordatorio de que, más allá de un capricho, esta cámara puede ser también una interesante herramienta profesional en el campo de la fotografía documental.
60 megapíxeles en blanco y negro
Pero, evidentemente, la gran novedad de esta Q3 Monochrom está en su sensor. Un CMOS monocromático de formato completo y 60 megapíxeles que ya monta la M11 Monochrom. Los resultados son, claro, magníficos, con ese plus de rango dinámico y de control de ruido que ofrecen los sensores en blanco y negro. Ademas de los JPEG a máxima resolución publicados aquí, también dejamos unos RAW para quienes se animen a jugar con ellos.
Aunque las imágenes de muestra puedan parecer algo planes en diversas escenas, hemos optado por disparar todas con el perfil natural sin modificar ninguno de los parámetros estándar. Por si alguien echa de menos algo de contraste o esas imágenes en blanco y negro algo más duras que muchas veces ofrecen los filtros o modos blanco y negro de las cámaras.

En este caso, disponemos de cuatro perfiles (Leica Look) aunque es posible descargar más desde la aplicación. Por cierto, la opción de comunicar cámara y aplicación móvil con cable, ademas del WiFi, nos sigue pareciendo excelente.
Aunque nunca nos ha convencido el discurso de resolución múltiple de Leica con este sensor de 60 megapíxeles, lo cierto es que esos 60 megapíxeles vienen especialmente bien para recurrir al zoom digital si los 28 milímetros se nos quedan cortos. Se trata de recortes y el nombre que usa Leica y el sistema de encuadre -un homenaje a las clásicas guías de las Leica M- no deja margen de duda.
De este modo, renunciando a parte de la resolución podemos disparar con recortes de 35, 50, 75 y hasta 90 milímetros. Como siempre, la profundidad de campo seguirá siendo la mismo que con 28 milímétros. Vaya, que la Leica Q es una compacta de óptica y focal fija, y eso no cambia.

El enfoque automático tambien ha mejorado notablemente respecto a la generación anterior, pero es algo que ya vimos en las Q3. Ahora también se incluye un modo beta de detección de animales, por cierto. Los más clásicos tambien celebrarán que aquí el enfoque manual no sea simplemente algo para cumplir, sino que su manejo y control resulta realmente intuitivo y cómodo.
Y sí, la Leica Q3 Monochrom, tambien graba vídeo. Con las mismas prestaciones que su versión en color aunque con ese carisma especial de los clips en blanco y negro. Resolución 8K, perfil logarítmico, un enfoque automático que se defiende… No es su función principal, claro, pero de nuevo puede ser interesante como herramienta documental.
Leica Q3 Monochrom, una cámara única
Suena a lema comercial un tanto desgastado o piropo de quien sólo tiene entre manos una cámara así muy puntualmente. Y se pasa el resto de la vida trasteando con cámaras que a veces se parecen demasiado unas a otras. Pero es que aquí es literal: no hay ninguna otra cámara compacta monocromática. Por ahora, cierto, que Ricoh ya ha dicho que está trabajando en ello.

Respecto al precio, a estas alturas no vamos a tener otra vez esa conversación. Todos y todas sabemos lo que cuestan. Los apasionados de la foto en blanco y negro que se lo puedan permitir, sin duda disfrutarán mucho. Y, por cierto, comparado con una Leica M11 Monochrom -comparten sensor- y un Summilux 28 mm f1.4 M, el precio de esta Q3 Monocrom es casi una ganga. Por si alguien se anima a verlo de este modo.
























Lo único que merece la pena de un sensor sin filtro Bayer, es poder utilizar los filtros de color para ganar contraste o al revés, con los clásicos azul, amarillo, naranja… que por otro lado, si tienes filtro Bayer, el software hace ese trabajo por ti con un poco de software. Así que bien para los que quieran disfrutar de hacer «una foto de verdad» y mal para los que quieren editar esos blancos y negros en función del color de la toma real, porque tu aplicación ya no sabrá si ese gris de la chaqueta viene de un rojo o un azul, si quieres oscurecerla más o levantarla más.
Y lo de las credenciales de contenido… por el amor de un dios, que se implemente en todas las cámaras por ley.
«Y lo de las credenciales de contenido… por el amor de un dios, que se implemente en todas las cámaras por ley.»
No sabemos muy bien a qué Dios invocas, pero teniendo en cuenta que el único Dios que rige en el mercado digital es el Dios Mercado, del que seguramente abjuras cuando te acuestas en la cama…. lo llevas caro.
Ningún problema, La Frontanera, que lo haga el Dios Mercato pues. Sabrás tú de quién reniego… quisieras.
Fontanera… perdón. Dichoso corrector predictivo.