
Los carretes están muy caros. Y, no nos engañemos, la fotografía química implica unos peajes de tiempo y dinero que no todo el mundo está dispuesto a pagar, por muy de moda que esté los colores y texturas de las imágenes «analógicas». De ahí que algunas cámaras digitales como la Fujifilm X-Half propongan esa experiencia química pero de una forma mucho más sencilla gracias a la tecnología digital.
El éxito de sencillas compactas de hace décadas cuya calidad deja bastante que desear también se explica en este contexto en el que la búsqueda de imágenes imperfectas y de una experiencia similar a la de disparar carrete es la clave. Hasta tal punto que alguno ya hablan de una nueva moda en este mundillo: conseguir que cualquiera cámara digital pueda ofrecer una experiencia analógica.
Así lo explican en The Phoblographer que enumeran las curiosas propuestas de Real Analog Film, donde confiesan que «aman la película, pero odian escanear». Seguramente no son los únicos, aunque algunas de sus ideas confesamos que nos han dejado un poco descolocados.
Lo de tapar la pantalla de la cámara digital es ya un clásico. Ya sea en versión premium con la Leica M11-D o de forma más económica y sencilla, girándola si se trata de una cámara con pantalla articulada. ¿Suena absurdo? Teniendo en cuenta que se venden adaptadores para, precisamente, tapar el monitor de la cámara, está claro que hay un mercado para este tipo de modelos o accesorios.

A partir de este punto, la cosa se anima con ideas un tanto más arriesgadas. Por ejemplo, para frenar el instinto de disparar demasiadas fotos, por aquí sugieren utilizar una vieja tarjeta de memoria con sólo 1 GB de capacidad. Lo justo para que en 24 o 36 fotos ya no haya más espacio.
¿Y después? Aquí hay dos caminos, según lo radical que uno quiera ser en este camino para abrazar la fotografía química a base de píxeles. Lo más sencillo -es un decir- sería descargar esa tarjeta y jugar a que se trata del revelado, con el aliciente de que si hemos tapado la pantalla será la primera vez que veamos nuestras fotos. Pero para quienes quieran ir un poco más allá sugieren usar cada una de estas tarjetas una única vez, como si se tratara realmente de un carrete con un número limitado de fotos.
Por muy absurdo que pueda sonar, si algo hemos aprendido en estos últimos años es que hay modas fotográficas que se escapan a cualquier lógica comercial o práctica pero, sencillamente, triunfan en el mercado.










Los carretes están muy caros si se hacen quinientas fotos cada vez que se sale a la calle. Tal vez hay que disparar menos y mejor.
No me parece tan extraño, yo directamente apago el monitor, ademas uso la maquina en manual y como si fuera poco uso lentes manuales 🙂