La publicación de los retratos que Annie Leibovitz hizo a los reyes de España consiguió volver a poner de actualidad un tema tan apasionante como el de la monarquía en su versión fotográfica. Aunque viendo algunas fotos de la Casa Real se nos olvide, en realidad pocas instituciones necesitan tanto cuidar su imagen pública y la representación gráfica de ella como los monarcas de cualquier país.
El cuidado de cada pequeño detalle y las decenas de lecturas políticas e históricas que pueden hacerse de ellos daría para unas cuantas novelas. Mucho se ha hablado, por ejemplo, de esa silla vacía o de la diferencia de luz en el caso del retrato oficial de Felipe VI y la reina Letizia. También, claro, de retoque y de pieles perfectas, dignas de una revista de moda.

Nada nuevo en realidad. De hecho, quienes pasen por la estación de metro de Chamartín en Madrid con algo de tiempo y se asomen a la exposición de trenes históricos ubicada en este lugar, se toparán con una historia bastante curiosa en la que la cosa también va de reyes y de retoque. Concretamente de Alfonso XIII, bisabuelo del actual monarca español.
Y es que en la foto que sirve de presentación de la exposición, el entonces Rey aparece con los ojos cerrados en la única foto que se conserva de la inauguración del metro de Madrid en otoño de 1919. Una foto de grupo que poco tiene que ver con las de Leibovitz y que más allá de la cantidad de gente que quería salir en ella, no podemos dejar de mirar los ojos cerrados del Rey. Sí, y a las señoras con sombrero que tapan a quienes están detrás.
El retoque fotografico antes de Photoshop
Una única foto de un momento único y el protagonista aparece con los ojos cerrados. Algo impensable a día de hoy porque seguramente esa misma toma habría implicado una ráfaga con decenas de fotos y una comprobación rápida en pantalla para asegurarse de que todo estaba correcto.

No era el caso y, evidentemente, Alfonso XIII no podía salir así en la prensa. De hecho, no lo hizo porque en la foto que salió publicada en el diario ABC el rey aparece milagrosamente con los ojos abiertos. ¿Qué ocurrió? Simplemente se pintaron encima.
Aunque lo de Stalin y su querencia por borrar trotskistas de las fotos siempre suele ponerse como ejemplo del retoque fotográfico antes de Photoshop, está claro que antes y más cerca ya había maestros en esto de arreglar fotos que no salieron como debían.
Una anécdota de sobra conocida y muchas veces contada. No obstante, el retoque no se limitó a los ojos porque cuando se compara la toma original con la que salió publicada también hay algún cambio entre quienes ocupan el primer plano de la foto.
¿Has visto esta foto? Alfonso XIII salió con los ojos cerrados en la inauguración y fue retocado después #metro95años pic.twitter.com/VT2wmCrLYq
— Metro de Madrid (@metro_madrid) October 16, 2014
Hace unos años Mónica Arrizabalaga contaba en el propio ABC más detalles de esta fotografía histórica, realizada por Julio Duque. Fue uno de los pioneros del país en el uso del magnesio para iluminar escenas en lugares oscuros donde antes era prácticamente imposible sacar una foto.
El fuerte fogonazo de aquel precursor del flash explica en cierto modo los ojos cerrados del rey, cuentan. Retocar las fotos para, como en este caso, pintar los ojos y de paso arreglar un poco las cejas y los labios del monarca y otros detalles de los que aparecen en ella era algo muy habitual en la época. Lo de las normas del documentalismo no estaba todavía muy arraigado y menos para las fotos de la alta sociedad.

La escasa calidad de la impresión de aquel entonces facilitaba que aquellos ajustes pasaran totalmente inadvertidos. De hecho, es en las muchas versiones posteriores y de mayor resolución que han trascendido de aquel momento donde es más fácil detectar los cambios.
No sólo de los ojos porque, ¿de dónde sale esa cabeza situada a la derecha de Alfonso XIII? Efectivamente, si se compara con la foto original no es la misma persona. Y es que los ojos cerrados no eran el único problema, porque uno de los ingenieros de aquella primera línea del metro de Madrid había quedado al fondo, tapado por los voluminosos sombreros de las señoras en primer plano.
¿Solución? Pegar el retrato de Antonio González sobre el de quien aparecía originalmente en la foto y que, cabe suponer, era menos importante como para merecer ese primer plano junto a Alfonso XIII. Y es que, como vale la pena recordar, la manipulación y retoque de las fotografías no es algo que se inventara con Photoshop y mucho menos con la IA de la que tanto hablamos últimamente.










No es comparable el retoque de un proceso tan limitado y tan arcaico como el analógico con las posibilidades ilimitadas y prácticamente infinitas que posibilita el digital. Son dos órdenes de realidad completamente diferente e irreductibles y es una falacia compararlos.