
No es un tema simpático, pero sí un asunto en el que, seguramente, todos hemos pensado alguna vez. ¿Qué será de todas nuestras fotos cuando ya no estemos por aquí? Una duda entre lo existencial y lo práctico que en realidad pone sobre la mesa muchos temas que, en realidad, van más allá de lo puramente fotográfico.
Porque, efectivamente, ahora se hacen más fotos que en ningún otro momento de la historia. No sólo los profesionales o entusiastas del tema, sino que cualquier persona en su día a día -y no digamos de viaje- saca más fotos con su móvil o con su cámara que las que hace pocas décadas se sacaban en todo un año.
Pese a ello, dicen los expertos en conservación y sociología, que por primera vez no hay una seguridad de que quede un legado gráfico para las generaciones que vendrán. Una duda más que razonable teniendo en cuenta que no es fácil saber si dentro de años los formatos de imagen digital actuales seguirán siendo operativos, qué pasará con los miles de imágenes que almacenamos en discos duros. Por no hablar, de todas esas fotos que vamos acumulando en el móvil y trasladando con cada renovación de smartphone.
El caso es que un reciente estudio realizado en Reino Unido pero, seguramente, extrapolable a muchos otros países, ha concluido que más del 75% de los encuestados no han pensado en qué ocurrirá con sus fotos cuando llegue el momento. Según descubrimos a través de Petapixel, el informe The Memory Economy elaborado por la empresa Popsa dedicada a la impresión de fotografías aporta algunos datos interesantes.

Y es que, por lo visto, la Generación Z -considerados los primeros nativos digitales- tiene bastante más presente este asunto que quienes son más mayores. Según los datos de este estudio realizado a 8000 personas, hay cinco veces más posibilidades de encontrar un menor de 30 años preocupado por este tema que alguien mayor. De hecho, el denominado «legado digital» se considera como parte de la vida adulta por estas generaciones, mientras que es obviado por las generaciones anteriores.
Teniendo en cuenta que el estudio está encargado por una empresa especializada en fotograbado, la conclusión es bastante obvia: la mejor manera de asegurarse de que algunas de nuestras fotos pasen a la siguiente generación es tener copias en papel bien guardadas. Así de sencillo y poco moderno.
De todos modos, muchos servicios como Instagram o Facebook si contemplan estas circunstancias, con posibilidades de crear páginas en memoria tras la muerte, y en el caso de sistemas para guardar imágenes en la nube, siempre está la opción de compartir o de, simplemente, dejar en algún lugar las contraseñas para facilitar el trabajo a quienes se queden.
De todos modos, del mismo estudio -que se centra en las fotos del móvil- se desprenden datos interesante. Como que casi la mitad confiesa tener más de 20.000 fotos en su teléfono y, atención, tambien que de cada 10 fotos, nunca más vuelve a mirar 7 de ellas. Un punto que daría para otra larga reflexión postfotográfica.









