Sigma FP2: una full frame pequeña, diferente y, ahora sí, competitiva

En esta casa siempre hemos defendido a las marcas que se atreven a hacer cosas diferentes. Pero es verdad que la Sigma FP era una gama que dábamos por finiquitada. No sólo porque habían pasado ya ocho años desde el primero modelo y más de uno desde que se descatalogaron, sino porque la llegada de la Sigma Bf parecía cubrir ese nicho de una cámara de formato completo y muy diferente en diseño y filosofía.

Pero, una vez más, estábamos equivocados. Sigma ha puesto sobre la mesa una FP2 que, sin dejar de ser fiel al diseño y particular filosofía de la marca, pone al día sus prestaciones para convertirse en un modelo competitivo y solvente con montura L. Ser el bicho raro del escaparte tiene su gracia -y nos encanta- pero hace falta algo más para triunfar.

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La clave está en el nuevo sensor, un sistema de enfoque capaz, formatos de vídeo en condiciones y alguna que otra novedad en el diseño que hacen de la FP2 una interesante candidata en el animado catálogo de cámaras híbridas para foto y vídeo.

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En el vídeo os contamos sus novedades y podéis ver en acción el enfoque y la ráfaga -dos puntos importantes- pero resumimos también por aquí los puntos clave de esta Sigma FP2 y compatimos algunas fotografías de muestra realizadas con el Sigma 45 mm f2.9 y el zoom Sigma 20-60 mm f2.8-4.

Sigma FP2, mismo diseño, algunos cambios

A primera vista parece que nada ha cambiado en el diseño de la Sigma FP2. Minimalista, compacta, modular y cuadriculada, la esencia es la misma. Sigue siendo la cámara de formato completo más pequeña del mercado, por cierto.

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Pese a sus reducidas dimensiones, ahora hay espacio para una nueva pantalla abatible que, eso sí, no llega a los 180 grados. Por si alguien pensaba usar la FP2 en modo selfie. Muy buena noticia también la apuesta por un doble puerto USB-C que permite cargar la cámara mientras se tiene un disco duro conectado para grabar vídeo. Y, como siempre, muy bienvenidos esos 70 GB de memoria interna. Es muy poco para vídeo, cierto, pero para fotografía nos puede salvar en más de una ocasión si no hay un tarjeta a mano.

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Igual que en la primera generación, el tamaño compacto también tiene sus peajes. La Sigma FP2 no tiene estabilizador, ni obturador mecánico. El sensor parcialmente apilado permite aprovechar mejor el obturador electrónico sin riesgo de distorsiones, pero es verdad que la sincronización con flash se queda en 1/50 de segundo.

¿Qué flash? Efectivamente, no hay zapata, pero se puede acoplar una externa aprovechando ese carácter modular de la cámara. Lo mismo ocurre con el visor, una pieza de considerable tamaño, excelente calidad y que, eso sí, ronda los 700 euros. Colocada en el lateral de la cámara, remata un diseño con mucha personalidad.

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Quienes estén sufriendo por la ergonomía pueden estar tranquilos porque en España todas las cámaras se venderán con una pequeña empuñadura que consigue un agarre excelentes. De todos modos, insistimos que esta cámara es modular, con lo que se da por que, como dicen en vídeo, habrá que «vestirla».

Renovación interna

Pero los cambios realmente claves de la cámara están en su interior. Ocho años, claro, dan para mucha mejora y eso se nota en el nuevo captor de 24 megapíxeles y parcialmente apilado. Suponemos que es el mismo de la Nikon Z6 III, Nikon ZR o de la Lumix S1 II, así que poco que decir a lo ya comentado sobre su rendimiento.

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Pero no se trata sólo de resolución, color o calidad, sino de velocidad. De hecho, esa es casi la parte más interesante. Y se nota en las ráfagas de hasta 20 fotos por segundo, que aguantan unos 300 disparos consecutivos en JPEG y unos 200 en RAW y. JPEG, según las primeras pruebas realizadas.

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El sistema de enfoque es otro los pilares de esta renovación. La Sigma FP original era francamente lenta en este sentido, así que el salto es abismal. No es el sistema más rápido del mercado y, por lo que hemos visto, ni siquiera está al nivel del de Panasonic a la hora de detectar y seguir sujetos, pero resulta suficientemente solvente para los escenarios habituales a los que se enfrentará esta cámara.

La historia se repite con poca luz. La mejora es increíble, pero la detección cae en escenas con menos luz y, en cualquier caso, no se acerca a lo que hemos visto en cuanto a agilidad y respuesta en cámaras de otras marcas.

Grabación 6K open gate

Visto en perspectiva es evidente que la primera Sigma FP se adelantó a su tiempo. Aunque en su momento muchos no la entendieron, fue la primera cámara en apostar por un diseño compacto y modular con altas prestaciones de vídeo, un camino que luego han seguido la Sony FX3, las Canon EOS R50 y R6V y la Nikon ZR, entre otras.

El problema de esa primera generación es a pesar de sus muchas buenas ideas y de contar con algunas prestaciones únicas, obligaba al usuario a lidiar con mucho peajes y limitaciones, convirtiéndola en una cámara muy de nicho.

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Pero esto ya no ocurre con la Sigma FP II, que ha dejado atrás la gran mayoría de carencias de su predecesora. Seguimos teniendo un cuerpo ultra compacto, pero ahora con pantalla abatible, doble USB-C para poder cargar la cámara y usar un disco SSD a la vez y HDMI de tamaño completo.

El sistema de AF también se actualizado a lo que piden los tiempos, quizás no es el más preciso y reactivo del mercado, pero permite montar la cámara en un gimbal y dejar que el autoenfoque haga su trabajo. En la primera FP el enfoque en vídeo era prácticamente inutilizable

Sigma también ha dejado atrás el formato Cinema DNG, un auténtico dolor de cabeza por su complejo flujo de trabajo, el tamaño de sus archivos, su escasa compatibilidad y sus problemas de rendimiento. En su lugar la FP II apuesta por el más amigable ProRes RAW y ProRes RAW HQ, que solo se puede grabar en discos SSD conectados a través de USB-C.

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Ya en formato comprimido es posible grabar en H.264 y H.265 con un flujo máximo de 300 Mbps. La FP2 permite grabar en resolución 6K y formato open gate 3:2 hasta 30p, y en 6K con proporción 16:9 hasta 60p. En 4K es posible llegar hasta los 120 fps pero aplicando un recorte APS-C.

La otra gran novedad es que la cámara incorpora por fin una curva logarítmica, concretamente la L-Log que comparte con Leica. Aunque parezca increíble la FP original no contaba con curva Log, es más, al grabar en formato comprimido solo permitía hacerlo en 8 bits, por lo que era una cámara en la que prácticamente sólo tenía sentido grabar en RAW o en grabadores externo tipo Atomos Ninja. Con la Sigma FP2 tenemos por fin una cámara para el día a día, con flujos de trabajo sencillos y sin renunciar a la calidad.

Como hemos comentado antes tenemos aquí el mismo sensor parcialmente apilado, es decir un sensor de lectura rápida, con el rolling shutter muy controlado y con un gran rendimiento. Sigma promete algo más de 14 pasos de rango dinámico en esta cámara.

La única gran pega de la cámara es la ausencia de estabilizador en el sensor, que limita bastante su uso como cámara de mano o run and gun. Sí que contamos con un estabilizador electrónico que cumple a medias, que recorta la imagen en 1,25x y que, obviamente, no se puede usar al grabar en 6K y en Open Gate. Eso la FP2 permite recopilar los datos de un giroscopio interno para estabilizar las tomas en postproducción.

Sigma FP2, una cámara híbrida muy solvente

Aunque la Sigma FP2 sigue siendo una cámara muy diferente, va a tener que enfrentarse a muchas posibles competidoras. Los 2200 euros que cuesta el cuerpo -con empuñadura- la sitúan al mismo nivel que la Nikon ZR o la Nikon Z6 III. En ambos casos, claro, se trata de cámaras más grandes y más orientadas a foto o a vídeo, mientras que en este caso la baza híbrida está más clara.

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Si hablsmo de tamaño, también hay que mencionar la Pansonic Lumix S9, mucho más económica aunque por prestaciones en otra liga. Pese a ellos, seguro que hay creadores de contenido de presupuesto ajustado que se plantean estas dos opciones.

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En realidad la propuesta de la Sigma FP2 es bastante única. Cierto que la podemos ver como una pequeña full frame, pero en realidad hay que considerar este cuerpo como la base de un sistema modula que puede dar mucho juego en foto y, tal vez más, en vídeo. Porque quienes estén buscando una cámara diferente, pequeña y de formato completo ya tienen la Sigma Bf.

En ese caso, se trata de un modelo más de capricho. Aquí hablamos de una apuesta más profesional, pensada para trabajar. Hasta ahora las Sigma FP eran esa cámara orgullosamente diferente pero con muchos peajes. Algo que esta segunda generación ha sabido resolver para convertirla en una de las novedades más interesantes del año.