Cuesta encontrar un mercado en el que Donald Trump no haya intentado colar algún producto con marca propia. La tienda oficial del actual presidente de los Estados Unidos es un delirio en el que caben desde gorras, hasta café, palos de golf, toallas… Una lista a la que se acaba de sumar una operadora móvil virtual propia (Trump Mobile) y, atención, un smartphone.
Bautizado como T1 y con un precio de 500 dólares, el terminal luce dorados por todas partes, la bandera de Estados Unidos y el lema preferido del inquilino de La Casa Blanca: Make America Great Again. De hecho, las especificaciones son lo de menos en un móvil que pretende, como el resto de los productos, tirar de bandera y patriotismo para engrosar las arcas de Trump a costa de sus seguidores.

Y es que el T1, más allá de su pantalla de 6,8 pulgadas, el sistema Android 15 o el módulo de tres cámaras con una de 50 megapíxeles -por ahora no hay muchos detalles, y los publicados son muy extraños- abandera algo único: esta fabricado en Estados Unidos. No sólo diseñado, insisten sus creadores, sino made in USA.
Un dato que ha despertado tanta expectación como dudas razonables. De entrada, porque este terminal monta -como todos- componentes que a día de hoy no se fabrican en Estados Unidos, empezando por la pantalla Amoled. ¿Se refieren entonces a una cadena local de ensamblaje con piezas traídas de China?
Por lo visto, ni siquiera eso. Pocas horas después del anuncio, algunos ya habían localizado quién es el verdadero fabricante que, sorpresa, es una compañía china. Tal y como recoge AppleInsisder el T1 de Trump sería simplemente una versión del T-Mobile REVVL 7 Pro 5G, producido por Wingtech, propiedad de la compañía Luxshare y producido en aquel país.
El cambio de logotipos y la capa de pintura dorada puede que sí este hecho en Estados Unidos, pero eso se aleja mucho de lo que cualquiera consideraría un smartphone fabricado en el país. Por supuesto, frente a los menos de 250 dólares que cuesta el modelo original con la marca de T-Mobile, el de Trump se venderá por el doble. Suponiendo que llega a venderse, claro, porque si en algo es experto el presidente estadounidense es en cambiar de opinión cada cinco minutos.

Una surrealista historia, una más, que recuerda aquello de Zetta, el smartphone extremeño que acaparó titulares y subvenciones durante cierto tiempo hasta que alguien se dio cuenta de que de español sólo tenía las pegatinas que le ponían por encima para ocultar el modelo original de Xiaomi. Tampoco en aquel caso faltaba un notable incremento de precio aunque, en su favor, hay que reconocer que aquellos espabilados emprendedores no eran presidentes de ningún país.









