No nos vamos a engañar. Los fotógrafos en general y los de paisaje en particular, nunca hemos estado muy valorados por la sociedad en general e, incluso, entre nuestros propios compañeros. De hecho, hace solo unas semanas en un grupo de Telegram de fotografía se hablaba de lo fáciles que eran de hacer las fotos que aparecían como las mejores fotografías de auroras boreales del año pasado.
Por lo tanto, no vamos a decir ahora que la IA está matando a los fotógrafos de paisaje porque, básicamente, esto viene de hace años. Los que llevamos tiempo ahí, sabemos lo que es que desde un famoso canal de fotografía se insinúe, de broma eso sí, que nuestros cielos son cambiados en Luminar o que se te llene Twitter de acusaciones, serias, de inventarte media fotografía con Photoshop. Hay días que te preguntas seriamente si merece la pena todo el esfuerzo que lleva crear una foto así.
Sin embargo, sí que he notado, sobre todo este último año, una corriente creciente de completa incredulidad hacia la fotografía de paisaje. Es como si ahora todo el mundo asumiera que toda la fotografía de paisaje está generada con IA dada la proliferación y promoción de perfiles de este tipo.
Curiosamente, este tipo de imágenes tienen incluso mejor acogida que las fotos reales. Es duro ver que alguien genere desde su casa 400 imágenes (que se generan gracias a todas las fotos reales que alguien en su día decidió compartir y que no ha visto un duro por ello, por cierto) por el mero hecho de obtener likes y followers y que, encima, le vaya muy bien. Mientras a ti te entierra el algoritmo porque es imposible que publiques tres fotones épicos al día.

Y, pese a todo, aquí seguimos madrugando, trasnochando, pasando frío, comiendo viento, sudando, cargando con un montón de kilos de peso… ¿Y por qué? Pues creo que para una cosa que algunos aprendimos hace mucho: por nosotros.
Siempre digo que mis fotos son pequeñas ventanas a recuerdos y sensaciones felices (o no tan felices). Conseguir esa imagen es la guinda de un viaje, de un proceso, de unas cañas, de una compañía especial, de un grito de felicidad pura, de un ratito en soledad escuchando el mar… Y luego (Y LUEGO) está la foto. Ninguna imagen generada con IA me va a llevar a más viaje que el de la silla de mi ordenador. And I think it´s not beautiful.
Supongo que la dopamina de los likes y los comentarios compensará para algunos esta sensación de vacío, pero, para los que de verdad nos gusta estar ahí fuera, no significarán nada… Por muy virales que sean.
Escribo esto con unas agujetas increíbles tras pasar de cuclillas varias horas protegiendo el equipo de un viento terrible y arrastrando sueño tras llegar a las tres y media de la mañana un martes.
Pocas horas de sueño porque, al día siguiente, hay que trabajar en la parte del negocio que sí da dinero, claro. Y, aún así, feliz y contento. No tanto por haber conseguido una foto (real) de dos acontecimientos muy poco probables juntos (que también) sino feliz por haber estado ahí.
Porque, como decía, lo que te da la experiencia es aprender a disfrutar del esfuerzo de levantarte de la cena a medio mordisquear para pegarte una hora de coche a oscuras, bajar la empinada cuesta mojada que te lleva a San Juan y aguantar allí horas abrazado a un termo de café. Aprender a disfrutar de estar solo en la oscuridad durante horas por la esperanza de conseguir un pequeño sueño que se te ha ocurrido en tu cabecita.
Incluso por Whatsapp alguno me pasaba desde el sofá, en plan socarrón, que no era necesario ir. Que la “foto” ya estaba hecha.

Pero cuando todo sale bien, la emoción de ver en tu cámara el resultado de ese sueño guardadito en la SD, no tiene precio. Desde ese preciso instante, esta foto se convierte, como las demás, en una ventana que me llevará a ese día, a esa oscuridad, a esas agujetas y a ese grito liberador de euforia pura.
En definitiva, esta fotografía me ayudará a ser más consciente de mi paso por esta vida y me ayudará a seguir centrándome en el presente sabiendo que mis recuerdos están guardados, a fuego, en esa preciosa imagen en la que un bólido atravesó el cielo de un San Juan de Gaztelugatxe iluminado por la aurora boreal.
Y mejoré la imagen que alguno había creado desde el sofá. Chúpate esa, IA.
Por cierto, si queréis aprender más sobre aurora boreales y cómo fotografiarlas, podéis echarle un vistazo a mi ebook.
David de la Iglesia. Fotógrafo y videógrafo profesional especializado en fotografía de paisaje y fotos para redes sociales de Bilbao. Es autor de varios libros entre ellos “La Aventura de la Fotografía de Paisaje”. Puedes ver sus trabajos y cursos en DIVCreativo.










Vuelvo con mi comentario cansino de usuario pesado.
ES IMPRESCINDIBLE que cualquier navegador, cualquier aplicación, cualquier red social… muestre de modo inequívoco y rápido cuando una fotografía es real (hecha por una cámara) y cuando una imagen está editada, y cuando una imágen esté generada por ordenador o IA.
Se nos ha ido de las manos ya.
El día que quieran hacer reproduciones de cuadros importantes con impresoras 3d específicas (a partir de obras originales escaneadas con láser para su rugosidad, trazos, color, pinceladas, etc. idénticas) y nadie sepa, ni los entendidos, si es un Picaso o una réplica, en ese momento se va a la mierda la valoración de una obra.
«Democratizar el arte» defenderían algunos de los usuarios de éstas futuras impresoras junto al uso de la IA: «Quiero una imagen de un jamón de jabugo, puesto en un soporte de corte manual, junto a una ventana en la que se ve el prado lleno de encinas y cerdos ibéricos de pata negra al atardecer; todo con el estilo y trazos de Van Gogh»
¿Cuánto costaría ese cuadro pensado e impreso en un par de horas? ¿Qué valor debemos darle a esa «obra de arte»? Alguno quizás diría que tiene la propiedad intelectual porque fue él, que tras un arduo trabajo de unos segundos de pensar, puso los promps y texto adecuado.
Pues esto es lo que nos pasa con las fotos.
Credenciales de contenido ya! Y lo mismo la obligación de indicar la veracidad de una imagen en cualquier soporte digital.
Hace poco recibí un encargo para un local de hostelería :Fotos de surfistas «diferentes», a las típicas de cabalgando las olas . y como estamos en un puerto pesquero quería un atunero cabalgando las olas en el temporal. Las dos primeras sin problemas ,pero la última , de donde la saco ,no quería de bajura ,que es lo típico de aquí ,no no ,uno de esos enormes que pescan por las costas de áfrica .Pues se lo pregunté a la IA . con nombres de atuneros conocidos ,me trabajé una composición bestial del atunero cabalgando la ola izquierda de Mundaka . Al cliente no le oculté como la había realizado ,y aunque nos gustó el resultado ,yo no podía estar más orgulloso de mis fotos de surfistas y para no olvidar las sesiones que dediqué a ellas .La del atunero ,por un lado me deja frío ,pero por otro maravillado de lo que se puede lograr con la tecnología . la imagen final es de IA ,pero he tenido que trabajármela .No es foto ,como un cuadro hiperrealista tampoco lo es .Pero no por ello se debe de rechazar o menospreciar .Siempre que no se diga lo que no es .
Hay «montañeros » que su objetivo principal es llegar a la cima como sea y dejar su firma en el buzón ,y en la lista de «perpetradores «,lo demás no importa ,otros montañeros lo que más nos hace disfrutar es el camino.