Habrá que esperar hasta el próximo 7 de marzo para que se estrene en España la película Lee, protagonizada por Kate Winslet, y basada en el libro escrito por el hijo de la fotógrafa sobre el papel de Lee Miller como reportera de guerra durante seis años. Pero, como adelanto desde hoy mismo se puede ver la exposición «Lee Miller: Crónicas de guerra» en la galería Fotonostrum de Barcelona.
Precisamente, Antony Penrose, hijo de Miller, y su nieta Ami Bouhassane han sido los encargados de inaugurar esta muestra que repasa en 124 fotografías del trabajo que la reportera realizó para Vogue durante la II Guerra Mundial.

Primero en el Londres asediado por los bombardeos nazis y después en Francia y Alemania, donde pasó de la alegría tras la liberación de París al horror de los campos de concentración.

Miller fue una de las primeras en entrar y retratar los campos de exterminio de Buchenwald y Dachau, donde llegó siguiendo el rastro de los nazis y también buscando a sus amigos artistas, muchos de ellos judíos, que habían desaparecido de Francia y nadie sabía donde estaba.

Aquellas duras fotos -que pueden verse en la exposición comisariada por Leonor Fernandes- nunca verían la luz en la versión británica de Vogue para la que trabajaba, aunque sí acabaron siendo publicadas en Estados Unidos.
Las vidas de Lee Miller
«Las cámaras de la época no tenían zoom así que ella tenía que acercarse», apuntaba su nieta, responsable junto a Penrose de los Lee Miller Archives donde se conserva la obra de la fotógrafa. Hizo fotos, reivindica, «que sólo una mujer podría haber hecho» No se trata de mirada o sensibilidad, sino que muchas de las mujeres que aparecen en las fotos no posan para ella como sí harían para un fotógrafo, explica Ami Bouhassane.

Las fotografías que tomó durante la batalla de Saint Malo con su inseparable Rolleiflex -la actriz Kate Winslet ha explicado que quiso aprender a utilizarla para interpretar mejor a Lee- nos recuerdan que Miller también estuvo en el frente, aunque de sus fotos siempre se ha hablado mucho menos que de las de Capa en Normandía.

Curiosamente, mucho más famosa es la que se hizo en la bañera de Hitler junto al retrato que se había usado para la propaganda nazi y con las botas sucias sobre la impoluta alfombra blanca. La disparó David Scherman, el fotógrafo con quien viajó durante la guerra y, según explica su propio hijo, ella nunca escribió sobre aquella anécdota aunque, por lo visto, ninguno de los dos sabia que aquel mismo día el führer se acababa de suicidar.

En realidad, la fotógrafa nunca contó aquella etapa de su vida y sólo tras su muerte aparecieron en el desván de su casa las 20.000 fotos y 60.000 negativos que, tras 10 años de trabajo, componen su archivo.
El libro «Las Vidas de Lee Miller» escrito por su hijo habla de todo ello. Vidas, en plural, porque Miller tuvo muchas. Algunas más conocidas, como la de modelo, musa y amante de Man Ray -sus ojos son los que aparecen junto a las gotas de agua en la conocida foto del artista- y otras menos, como esta de reportera de guerra que ahora está expuesta y la película Lee quieren reivindicar.

Encontrar aquellas fotos tras su muerte, recordaba Penrose, le cambió la vida. No sólo porque supuso el inicio del trabajo alrededor de los archivos de su madre, sino porque le ayudó comprender por qué había ocultado todo aquello y también los años de depresión cuando se refugió en el alcohol y en la cocina.
«Crecí sin saber nada de todo esto y cuando preguntaba por alguna foto de ella en uniforme no le daba la mayor importancia», recordaba Penrose durante la presentación de la exposición que puede verse hasta el 20 de marzo en Fotonostrum.









