Se trata sin lugar a dudas de uno de los estrenos cinematográficos más esperados del año. The Brutalist, dirigida por Brady Corbet, es una película biográfica de tres horas y media que narra la epopeya vital de László Tóth, un arquitecto judío nacido en Hungría que sobrevive al holocausto y emigra a Estados Unidos en busca del sueño americano.
La película, que se estrenó oficialmente en el Festival internacional de Cine de Venecia ganando el León de Plata, llegará a España a finales de mes tras ganar tres premios más en los Globos de Oro y recibir todo tipo de elogios de la crítica.

Una de las peculiaridades de está larga película, que contará incluso con un intermedio de 15 minutos, es que está rodada enteramente en celuloide. Algo que en los últimos años se ha convertido en una elección más o menos habitual en grandes producciones como Dune y Dune Parte Dos (2001 y 2024, Denis Villeneuve) o Oppenheimer (2023, Christopher Nolan), pero que no suele ser una opción viable para cineastas independientes como Brady Corvet.
Buena parte del metraje de The Brutalist se sitúa en la década de los 50, y el director siempre tuvo claro que la mejor manera de aproximarse visualmente a esa época pasaba por usar un formato diseñado en ese preciso momento.
Por eso decidió rodar en VistaVision, un formato de 70 mm desarrollado por Paramount Pictures que destaca por su nivel de detalle y su grano fino, y que se utilizó en grandes producciones épicas como Los Diez Mandamientos (1954, Cecill B. De Mille). Se trata de la primera película rodada íntegramente en este formato desde hace seis décadas.

Pero esta elección tiene un precio. La copia final del filme pesa más de 130 kilos repartidos en 26 latas de celuloide. Todo un problema práctico a la hora de mover la película para su exhibición. Además, apenas hay un centenar de salas de cine en todo el mundo capaces de proyectar en 70 mm.
VistaVision, un formato que se proyecta en horizontal
Sea como fuere, está claro que rodar en 70 mm se ha convertido a día de hoy en un reclamo para la taquilla, un motivo para levantarse del sofá y acudir a las salas de cine en busca de un experiencia diferente que no tendrás en tu televisor de 65 pulgadas.

Gracias a directores como Paul Thomas Anderson, Villeneuve y Nolan el cine en película de gran formato vuelve a estar de actualidad, 70 años después de que los VistaVision, Cinerama o Cinemascope asombraran a los espectadores de la época con su grandiosidad y calidad de imagen.
Por cierto, una de las peculiaridades del formato VistaVision es que se proyectaba horizontalmente, no en vertical como la mayoría de los otros formatos del momento. En lugar de que la tira de celuloide se desplazara verticalmente con los típicos cuatro agujeros a cada lado, el negativo de VistaVision se introducía horizontalmente, con ocho agujeros dentados en la parte superior e inferior.

Esto fue precisamente uno de los motivos de su rápido abandono, ya que muchas salas no quisieron pagar el coste de adaptar sus proyectores. Pero curiosamente el formato ha sobrevivido hasta nuestros días, porque aun se utiliza en algunas producciones para rodar escenas con efectos especiales, gracias a su gran tamaño y nivel de detalle.

George Lucas siempre ha sido un acérrimo defensor del formato, y fue precisamente con este realizador cuando el director de The Brutalist entró en contacto por primera vez con el VistaVision. Tal y como el mismo explica, ocurrió mientras trabajaba de técnico de cámara en La Amenaza Fantasma.

Brady Corbet asegura que es un gran experiencia poder disfrutar la película en este formato, de la que destaca su profundidad, su amplio campo de visión y su calidad, tanto para las grandes escenas panorámicas como para los planos más íntimos.










“(El invento del Cinemascope) solo es bueno para funerales y serpientes”
https://www.filmin.es/blog/15-claves-que-quizas-no-conozcas-sobre-fritz-lang
Creo que el problema está en el regocijo que les da a estos directores el uso de los gran angulares y que se nota mucho más cuando usan sistemas «panorámicos», nada dice ello ni agrega a la historia narrada. Es como lo que sucede con los libros de literatura que en el colofón indican tipo y tamaño de la tipografía. «Por otra parte, el cine es un lenguaje»