Sony y la IA como asesor fotográfico: un error de manual que debería servir de aviso a las marcas de cámaras

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Los smartphones Xperia de Sony llevan años luciendo un diseño elegante, prestaciones fotográficas muy interesantes, aplicaciones avanzadas e incluso estrenando funciones únicas, como un zoom real. Pese a ello, su relevancia es mínima y sólo los usuarios más adeptos a la marca extienden hasta los Xperia su pasión por las cámaras Sony. ¿El motivo? Muy sencillo: los resultados no destacan especialmente frente a la competencia.

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Es un tema recurrente en el mundo de la fotografía móvil. Sony es el mayor fabricante de sensores y proveedor de los que usan los modelos de gama alta de otras marcas. También tiene el conocimiento y tecnología fotográfica y de vídeo que ha hecho triunfar a las Alpha, un notable reconocimiento de marca en este sector y, suponemos, un equipo que sabe mucho de procesamiento de imágenes, color… Pero algo debe de fallar en esa receta, porque el resultado no acaba de convencer.

No obstante, el nuevo Xperia I VIII que acaba de ser anunciado, parece que ya ha conseguido su minuto de gloria. Pero no de lo manera que a la marca le gustaría, sino liándola un poco en redes sociales con los ejemplos de la que parece su función estrella: la IA integrada en esta nueva generación.

De todo lo que Sony podía hacer para salvar sus Xperia esta es la peor opción. Así de sencillo. No por los terribles ejemplos de funcionamiento que ya se han hecho virales, ni por la mala comunicación, sino porque una marca con el prestigio fotográfico de Sony debería, precisamente, decir no a la IA en su apartado de imagen.

Es verdad que lo que propone no es IA generativa y, por lo visto -está explicado regular- tampoco en la edición de las fotos, sino que se limita a sugerencias en el momento de la toma sobre la exposición o el balance de blancos. Opciones, explican desde Sony, que igual el usuario no contempla y ahora se ofrecerán de forma opcional.

Muy bonito, muy educativo y muy absurdo. Porque si queda alguien en el mundo dispuesto a pagar 1800 euros por un Xperia es porque quiere que sea una suerte de extiensión de su Sony A7 o de la cámara que sea. No tengo datos pero tampoco dudas de que una amplia mayoría de los compradores de Xperia lo son porque usan cámaras de Sony. Es su gran factor diferencial, algo que la marca ha intentado usar con más o menos fortuna a lo largo de estos años y que sigue abanderando en sus presentaciones, con el Xperia de turno siempre al lado de una Alpha bien potente.

Y ahora, cuando casi nadie da un duro por el futuro de los Xperia, el patinazo con la IA. Lo decíamos en la reciente presentación del Oppo Find X9 Ultra donde se insinuó que su teléfono era una herramienta seria y profesional, así que nada de IA en la parte de la imagen. Bien. Aplauso. Luego resulta que había letra pequeña y esa promesa era para el modo “Maestro”, el bueno, el que más se parece a una cámara Hasselblad. Algo es algo.

Pero que una marca como Oppo ya abandere, discretamente, algo tan lógico mientras Sony siga jugando con la IA es la prueba de que algo no va bien en el universo Xperia. Tal vez me equivoque -suele ocurrir- pero vamos por un camino en el que la primera marca que diga claramente que no quiere saber nada de la IA en sus cámaras o smartphones fotográficas se tendrá ganada a una buena clientela. Concretamente a esa dispuesta a pagar cerca de 2000 euros por un teléfono.

Que sí, que la IA ya está en el sistema de enfoque de las Sony desde hace tiempo y funciona estupendamente. Y la usamos de forma más o menos clara en los editores fotográficos. También es verdad que la fotografía computacional hace lo que quiere con las fotos de nuestro móvil combinando información de esta y aquella óptica para conseguir exposiciones nocturnas imposibles. 

Pero esto del nuevo Xperia, con sus fotos sobreexpuestas que encantarían a la Casa Real y otras cosas raras, recuerda mucho a aquella otra chapuza de Samsung con la luna y cuela un mensaje que no nos gusta que nos diga ninguna IA: quita que no sabes, ya lo hago yo. 

No se trata de tenerle miedo a la tecnología o repetir eso de que la IA va a dejar sin trabajo a los fotógrafos. Pero hay una cosa clara: las marcas de fotografía, todas, se han cuidado mucho de introducir herramientas creativas de IA en sus cámaras. Por algo será, porque seguro que los de marketing llevarán tiempo pidiéndolo para, erróneamente, creer que así se compite mejor con los móviles.

La primera gran marca de fotografía que juegue con la IA, acabará quemándose. Lo de Sony y sus Xperia es sólo el primer aviso. Me lo ha dicho ChatGPT.

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